Una de las consecuencias del avance imparable del software gratuito y de código libre consiste en que, hoy en día, resulta muy difícil, y puede que incluso poco ético, intentar ganar dinero vendiendo software para la gestión de contenidos web (CMS) cerrado y propietario.

Cuando el ecosistema de los gestores de contenidos para la web incluye especies que se encuentran tan arriba en la escala evolutiva como Wordpress y Joomla, que además de gratuitas están extraordinariamente bien ensambladas y cuentan con el apoyo de una entusiasta comunidad de desarrolladores que las soportan, hay que tener algo realmente bueno para atreverse a cobrar por ello… o ser muy atrevido.

Por si esto fuera poco, los usuarios nos hemos acostumbrado -o mejor dicho, nos han acostumbrado- a que casi cualquier software instalable del lado del servidor sea gratuito, sin importar los cientos o quizás miles de horas que se hayan invertido en su desarrollo.

Por todas estas razones, el negocio relacionado con los CMS para la web parece estar en otro lado. ¿Pero dónde?

Principalmente, en ensamblar, a partir del software open source ya existente, personalizaciones a medida que se ajusten perfectamente a las necesidades del cliente. En otras palabras, en vender soluciones, es decir servicios, antes que productos.

Lamentablemente, como ya comenté en la entrada anterior, ganarse la vida ofreciendo servicios como profesional independiente puede resultar bastante estresante y limitado.

Personalmente, es una actividad que trato de evitar a toda costa, pues tiene una escalabilidad muy baja. Al fin y al cabo, uno sólo tiene X horas al día para dedicar al trabajo.

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Ingresos pasivos

by admin on Junio 16, 2009

Ganarse la vida como autónomo que ofrece sus servicios a otros particulares y empresas apesta por lo menos tanto como trabajar de asalariado para un jefe.

Y era de esperar, pues no deja de ser el mismo acuerdo esclavizador que consiste en intercambiar tu tiempo por dinero, pero con un envoltorio diferente. “Los mismos perros con distintos collares”, que señala el proverbio.

Además, como autónomo careces de algunos privilegios que sí tienes cuando trabajas por un salario, tales como el derecho a ponerte enfermo alguna que otra vez en la vida y a un subsidio de desempleo si alguna vez lo necesitas.

Lo que no te faltará como autónomo serán nuevas obligaciones y quebraderos de cabeza. Por ejemplo, llevar la contabilidad y vivir pendiente de los impuestos, no vaya a pasársete alguno por alto y la armes. Por no mencionar conseguir que tus clientes te paguen a tiempo y no se hagan los remolones con las facturas, como en ocasiones ocurre.

En definitiva, una forma de vida bastante miserable.

¿La solución?

Conservar la independencia, pero olvidarse por completo de ofrecer servicios y vender sólo productos, preferiblemente creados por uno mismo, a fin de preservar los márgenes.

Sin embargo, sólo es apta para espíritus decididamente emprendedores, pues entraña riesgos y conlleva la clase de incertidumbre que a menudo provoca ansiedad y malestar entre quienes prefieren o necesitan la apacible seguridad de un salario fijo.

Se trata de invertir tiempo y esfuerzo en desarrollar tu propio producto. Al principio, a cambio de tu esfuerzo no obtendrás ni un sólo céntimo. Sin embargo, si eres suficientemente tenaz y 1) escoges el segmento de mercado apropiado, 2) diseñas un producto de calidad que de verdad merezca la pena y resuelva un problema acuciante en ese contexto, 3) lo presentas de un modo que incite a su compra, 4) le pones un precio acertado y 5) tienes una pizca de suerte, entonces probarás el dulce néctar de los ingresos pasivos, que es cuando un esfuerzo que realizaste mucho tiempo atrás sigue generando ingresos en el presente.

En ese momento, es cuando descubres que los ingresos pasivos son la mejor forma de generar ingresos conocida por el hombre, que el sacrificio ha merecido la pena y que, a ser posible, es así como quieres continuar ganándote la vida durante el tiempo que te queda de ella.

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Mapa mental: Mi software favorito (Mac)

by admin on Marzo 19, 2009

Soy adepto a los mapas mentales, y un completo convencido de las enormes ventajas que estos aportan cuando se trata de sintetizar y comprender grandes cantidades de información.

Hoy, por absoluta casualidad, he descubierto una herramienta on-line para elaborar esta clase de mapas, que desconocía por completo y que está excepcionalmente bien resuelta. Su nombre: Mindmeister.

Tanto me ha gustado que me he puesto a probarla exhaustivamente elaborando un mapa mental de mi software favorito para Mac.

Podéis ver el mapa a pantalla completa aquí.

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A pesar de los muy numerosos y variopintos clientes de correo electrónico que he utilizado a lo largo de los años: Eudora, Pegasus, Becky, Netscape Mail, Outlook, en mi etapa como usuario de PC; Mail, Postbox, Mailplane, ya como usuario de Mac, sigue habiendo una característica que echo de menos y que no he visto implementada, al menos no del modo en que a mí me gustaría, en ninguno de estos programas.

Se trata de poder establecer alertas selectivas, que se disparen sólo al recibir un e-mail nuevo en las conversaciones que previamente haya decidido seguir, o si procede de una determinada dirección de correo electrónico.

Sí, ya lo sé. La mayoría de los clientes e-mail que he mencionado, sino todos, tienen funciones de notificación, que te alertan periodicamente de la llegada de nuevos mensajes. El inconveniente es que te avisan de la llegada de cualquier mensaje, convirtiéndose de este modo en una detestable fuente de distracción e interrupción constante.

Lo que yo ando buscando es un cliente e-maemailalertil al que le puedas decir: Mira, como norma general, mantente calladito, pero avísame si entra un nuevo e-mail en esta conversación concreta o dame un toque si recibo un e-mail procedente de alguna de estas direcciones.

¿Y para qué necesito esta funcionalidad?

Para no perder el tiempo.

En ocasiones, hay mensajes de correo electrónico que uno debe leer para poder continuar su trabajo. Estoy seguro de que a ti también te ha sucedido. En mi caso, estoy pensando, por ejemplo, en cuando envío una pregunta importante sobre un proyecto y no puedo continuar avanzando hasta que conozca la respuesta.

Lo que en estas circunstancias ocurre es que interrumpo mi saludable hábito de descargar el correo sólo un par de veces al día y empiezo a revisarlo siguiendo el irritante patrón de cada pocos minutos, bajo la premisa A ver si me han contestado ya al mensaje y puedo seguir avanzando.

Sería mucho mejor simplemente hacer clic con el botón derecho del ratón sobre un mensaje ya enviado y marcar la opción Avisar cuando se reciba respuesta a este e-mail o, en una conversación que ya contenga un intercambio previo de mensajes, marcar la casilla Avisar cuando haya nuevos mensajes en esta conversación

En Mail de Apple se puede hacer algo aproximado a lo que deseo, estableciendo reglas que, por ejemplo, reproduzcan un sonido al recibir un e-mail que cumpla ciertas condiciones. Lamentablemente, resulta bastante farragoso establecer esas reglas para después anularlas cuando hayan cumplido su cometido.

Para que esto funcione bien,  toda la funcionalidad de alertas debería estar accesible haciendo clic en el propio mensaje sobre el que deseamos establecerla o eliminarla. Es decir, a un solo clic de distancia.

Y ya puestos a pedir, sería una delicia que la notificación se canalizara a través de Growl, para que fuera totalmente configurable y pudiéramos determinar completamente su apariencia.

De este modo, podríamos olvidarnos por completo del correo electrónico hasta que éste nos avisara de que hemos recibido uno de esos mensajes importantes que requieren acción inmediata.

Con un poco de suerte, Apple se hace eco de esta petición y la incorpora a su próxima versión de Mail.

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Si digo que cada día resulta más difícil encontrar buenos nombres de dominio que aún estén libres, sé que no estoy precisamente descubriendo la pólvora.

Como todos sabemos, los buenos nombres de dominio son una especie en peligro de extinción, cuyos especímenes tienen los días contados, habida cuenta de los numerosos cazadores deseosos de cobrárselos como trofeo, entre quienes me incluyo sin rubor.

Para contribuir con mi granito de arena a que esa extinción ocurra cuanto antes, os traigo aquí una colección de 6 herramientas realmente útiles, que os facilitarán seguirles el rastro y capturar esos codiciados nombres de dominios.

DoNA

Domain Name Analyzer, DoNa para los amigos, es un software gratuito de escritorio con un nombre que inevitablemente evoca a supermercado, del que existen versiones para PC y Mac. Ha sido desarrollado por Softnik Technologies, unos auténticos veteranos en esto de hacer software útil para la gestión de dominios. No hay más que señalar que son los creadores del enormemente popular Good Keywords para atestiguarlo.

Ponle a DoNa una lista de dominios tan extensa como se te antoje, y diligentemente te indicará cuáles de ellos están disponibles y cuáles no, además de ofrecerte otros datos útiles sobre cada uno de ellos como la fecha de su creación, la de caducidad y, en caso de que ya esté pillado, el registrador con el que ha sido reservado.

Otra característica que resulta muy útil es que, al pulsar sobre cualquier nombre de dominio ya registrado, el programa muestra, en un panel que se despliega en la parte inferior de la pantalla, toda la información de whois disponible para él, lo que facilita encontrar la esquiva dirección e-mail de contacto de la persona a la que vamos a tentar con esa propuesta de compra multimillonaria que hemos preparado para tratar que el dominio cambie de manos, o para otros aspectos más frívolos y mundanos, como simplemente cotillear quien demonios se nos ha adelantado :-)

DoNa

PhysicWhois.com

Esta segunda herramienta que os presento es mi preferida absoluta de todas.

A diferencia de DoNA, se trata de una web, por lo que puede accederse a ella desde cualquier ordenador que tenga acceso a Internet, sin las trabas que tener que instalar un software adicional en el equipo puede suponer algunas veces, especialmente cuando no es el nuestro.

Como bien comunican a través de su nombre y de su logotipo, Physic Whois es la bola de cristal, el medium, el adivino con poderes psíquicos de los buscadores de nombres de dominio. Tanto es así que quizás te recorra un escalofrío por la espalda al utilizarlo :-)

Como cabría esperar, Physic Whois es brutalmente sencillo de utilar. Tú sólo tienes que empezar a teclear el nombre del dominio que te interesa para que el servicio te sugiera nombres de dominio similares y te muestre cuáles están todavía libres y cuáles no, como se aprecia en la siguiente captura de pantalla:

Psychic Whois

Aún así, lo mejor será que lo probéis y descubráis por vosotros mismos su funcionamiento. Merece la pena.

Domize.com

Similar al anterior, pero con pretensiones más modestas y un interface convenientemente simplificado, encontramos Domize.
Otra vez, el funcionamiento del servicio es endiabladamente sencillo. Simplemente, teclea el nombre de dominio que te interesa y Domize, dinámicamente y a medida que tecleas, te indica cuáles de esos dominios están libre y cuáles no, mediante una deliciosamente sencilla clave de colores: azul si esta libre, rojo si no lo está, para las extensiones más usuales, a saber: .com, .net, .org, .biz, .info y .us

Otra de sus cortesías es indagar al mismo tiempo los nombres de dominio que contienen 1, 2, 3, 4 letras menos que el que estamos examinando, hasta llegar al de 3 letras, momento en el que detiene la indagación. Por ejemplo, si el nombre de dominio que nos interesa es planetazul, Domize nos devuelve lo siguiente:

Finalmente, situando el cursor sobre cualquiera de los nombres ya registrados, obtenemos una captura de pantalla de la web que en él se hospeda, para que podamos echarle un vistazo rápido sin necesidad de visitarla y maldecir así en voz alta con un “¡Me lo han robadopara poner el dominio en parking!”, cuando proceda, que es siempre más veces de las que uno desearía.

Domize

Bustaname.com

Introduce una lista de palabras y Bustaname.com se encarga de agruparlas en combinaciones de 2 y 3 palabras, de todas las formas posibles. Esto puede dar lugar a interesantes nombres de dominio, inicialmente pasados por alto.

Bust a name

Suggest.name

Suggest.name ofrece un servicio realmente básico, pero aun así útil, que permite crear nombres de dominio por el sencillo método de explorar todas las posibles combinaciones entre dos conjuntos de palabras, uno de los cuales actúa como prefijo y el otro como sufijo.

Suggest.name

pickydomains.com

Por último, me gustaría hablar de pickydomains.com, un servicio de pago que difiere sustancialmente de todos los anteriormente mencionados, pues no se trata de una herramienta de software self-service de la que uno mismo pueda extraer todo el jugo, como sí ocurre con las restantes que he mencionado hasta ahora.

La promesa de pickydomains.com es encontrar para nosotros un nombre de dominio corto, memorable y que describa exactamente de qué va nuestra web. Para conseguirlo, se apoyan en múltiples contribuyentes, que envían sus propuestas basadas en tus especificaciones. Si ninguno de los nombres recibidos te gusta, entonces puedes solicitar una devolución de los $60 que hay que depositar inicialmente para iniciar el servicio.

Picky Domains

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Google a la inversa

by admin on Febrero 7, 2009

Google es una enorme boca a la que arrojas unas cuantas palabras clave, las mastica, las procesa en su elaborado sistema digestivo y devuelve direcciones URL.

semrush.com recorre el mismo camino, solo que lo hace en sentido contrario: dale de comer un nombre de dominio y él te devolverá aquellas palabras clave que hacen que éste aparezca en la primera página de resultados de Google.

Es un Google al revés.

Por ejemplo, si introduces:

nba.com

Descubrirás que el dominio aparece en la primera posición de la página de resultados de Google para las palabras claves: nba, basketball, lakers.
Y no sólo eso. Además, te indica qué tanto por ciento del tráfico total representa cada una de esas palabras clave.

Sólo se echa en falta que no recopile datos de Google.es, pues los datos recopilados corresponden a la versión inglesa del buscador. Si lo hiciera, ya sería una auténtica bomba.

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He sido usuario de Twitter durante algún tiempo, y simpatizo con muchos de los argumentos que sus seguidores esgrimen a su favor: es divertido, otorga un sentido de pertenencia a un grupo que resulta mentalmente muy saludable (especialmente para aquellos de nosotros que trabajamos por cuenta propia y aislados del resto), permite contactar con personas que tienen nuestros mismos intereses y establecer con ellas vínculos que hubieran sido muy difíciles, cuando no directamente imposibles, sin el concurso de Twitter, etcétera.

A pesar de ello, hace algunas semanas decidí dejar de utilizar Twitter para bien y para siempre, al menos del modo en que se supone que éste debe consumirse, que consiste en mantenerlo constantemente activo mientras progresamos a lo largo de nuestro día, informando con frecuencia sobre qué estamos haciendo y enterándonos al mismo tiempo de qué hacen los demás, como muchos hacen.

¿Por qué esta decisión?

Pues porque creo que Twitter tiene un efecto inmensamente dañino, que contrarresta por completo los beneficios que brinda: Es otra de esa cosas más que te vuelven un bobo improductivo y distraído, con una capacidad de concentración equivalente a la del pato Donald… en uno de sus peores días.

¡Y no estoy dispuesto!

Entre otras cosas, porque no me lo puedo permitir. Ni económica ni emocionalmente.

Como a la mayoría de trabajadores por cuenta propia, me preocupa el asunto de la productividad y le brindo tanta atención como a un dolor de muelas.

Al igual que muchos otros en mi situación, he aprendido a las duras que lo fácil, lo normal, lo que de manera natural nos ocurre indefectiblemente a quienes trabajamos a nuestro rollo si no le ponemos remedio es que perdemos el foco por completo, nos disipamos, nos pasamos el día apagando incendios de poca monta y corriendo de un lado a otro sin un propósito bien definido y sin saber bien por qué ni para qué, como un pollo al que le hubieran cortado la cabeza.

Cuando esto sucede, al final del día descubres, con un nudo en el estómago y una sensación de malestar emocional que lamentablemente te resulta familiar, que éste ha sido otro de esos días fallidos en lo que no has hecho nada que realmente merezca la pena ni que puedas mostrar con orgullo a los demás ni que vaya a contribuir a que, al final del mes, puedas pagar tus facturas.

La culpa de esta desdicha la tienen todas esas distracciones que compiten encarnizadamente por tu atención, todo el tiempo: la web, el e-mail, la mensajería instantánea, el teléfono móvil, el cartero que te llama al timbre (porque sabe que siempre estás) para que le abras la puerta del portal, aunque hace meses que a ti no te trae ni una maldita carta… y, como no, Twitter.

Twitter y su molesto hábito de interrumpirte sin cesar es un enorme obstáculo que se interpone en el camino que va desde donde te encuentras en este momento hasta donde quieres llegar en el futuro.

Un obstáculo grande y poderoso. Algo como, digamos, un pulpo feo y gigantesco de 400 tentáculos, 750 Kg y 1230 dientes, que te ataca de forma hiperactiva y sin descanso, que es la primera imagen que a mí se me viene a la cabeza, por alguna razón que no sabría explicar.

Twitter: ese monstruo que se alimenta de nuestra productividad

Afortunadamente, es también muy vulnerable y sólo lo hace si tú se lo permites, pues viene con un interruptor de apagado en la frente, que hace que inmediatamente se desmorone sobre sí mismo al accionarlo, convirtiéndose en un amasijo inofensivo de babas repugnantes y tentáculos escurridizos.

Sí, al desconectarlo, dejarás de enterarte de que fulanito está reuinido con sus socios, a los que tú no conoces, para tratar un tema que ignoras y que, sobre todo, tendrá cero consecuencias en tu vida.

No te enterarás de que menganito está a punto de recoger su maleta en la T4.

Tampoco de que sotanito, en uno de cuyos proyectos hiciste un cameo como desarrollador web cuando los gifs animados estaban de moda, se está haciendo un café a 10.000 km de distancia.

Créeme, pronto te acostumbrarás a vivir sin toda esta fascinante información asaltándote, como me he acostumbrado yo, y tal y como todos hacíamos antes de que Twitter entrara en nuestras vidas.

Cuando lo hayas conseguido, invierte el tiempo recuperado y, sobre todo, tu mejorada capacidad de concentración en actividades y proyectos que tengan un impacto positivo en tu vida:

Acaba esa web en la que has estado trabajando últimamente. Concluye ese informe que llevas tiempo redactando o, simplemente, queda con un amigo para que te cuente -como se hacía antes de que nadie tuviera ni la más remota idea de que era un tweet o un follower: en una cafetería y con un buen café entre las manos- cómo le va la vida.

Sí, a pesar de todo, no logras hacerte a la idea de perder definitivamente el contacto con los nuevos amigos que has hecho a través de Tweeter, haz lo siguiente: ábrelo una vez a la semana, dedica 15 minutos a leer todas esas cosas asombrosas que tus contactos han hecho durante los últimos 7 días y después ciérralo sin titubeos.

Si tratas a Twitter con la debida falta de respeto que se merece, conseguirás acabar más tareas importantes, sacarás más partido a tu vida y te sentirás mejor.

A mí me parecen razones suficientemente poderosas como para proclamar un sonoro:

¡Al infierno con Tweeter!

¿Qué opinas tú?

Envía un comentario y házmelo saber.

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¿Estás infrautilizando tu iPod touch?

by admin on Enero 18, 2009

Cuando hace un par de meses compré el nuevo iPod touch, sólo pretendía que me sirviera como reemplazo para el iPod clásico del que había venido disfrutando hasta ese momento.

Reconozco que no tenía ninguna necesidad objetiva de sustituir mi anterior iPod por otro nuevo, pues su funcionamiento siempre había sido exquisitamente fiable y sus generosos 80 Gb de espacio en disco me permitían el lujo de poder volcar toda mi colección de audio y video en el dispositivo, sin tener que detenerme a pensar qué deseaba conservar y qué no (aunque algunos artistas y albumes bochornosos que posteriormente he descubierto en él demuestran que esa reflexión hubiera sido bastante útil y recomendable)

El nuevo iPod, por tanto, fue un capricho. Me dejé seducir por su pantalla táctil y por la posibilidad de instalar en él aplicaciones. Además, me entusiasmaba la idea de regalar mi anterior iPod, sabiendo que quien lo iba a recibir lo acogería con mucho entusiasmo e ilusión, como así fue.

ipod

Sin embargo, lo cierto es que no esperaba que mi uso del nuevo iPod touch fuera a ser en nada diferente al que le había dado a su predecesor. Pasada la novedad inicial, instaladas algunas aplicaciones de la App store, lo usaría exactamente para lo mismo que usaba el anterior. Es decir, para escuchar música y, ocasionalmente, ver algún video, razonaba yo.

Y sí, pero no.

Como era de esperar, continúo utilizando el iPod touch para esas actividades. Oigo música y veo videos en él, pero lo estoy empleando también para algo que no había anticipado, y que se ha acabado convirtiendo en uno de las principales usos que le doy al dispositivo: leer archivos en formato PDF.

Hay varias razones por las que el iPod touch es un dispositivo excelente para este menester:

En primer lugar, gracias a Air Sharing, cargar los archivos PDF en el iPod es coser y cantar. No hacen falta cables ni complicaciones ni historias. Simplemente, hay que ejecutar Air Sharing en el iPod para que éste lance en él un servidor de archivos y nos indique la dirección IP a través de la cual está accesible.

Después, desde el Finder, conectamos (Command-K) con esa dirección. A partir de ese momento, el servidor de archivos del iPod aparece como una nueva ubicación en el Finder, con lo cual basta con arrastrar y soltar ahí los archivos PDF que nos interesen, para que se copien en el iPod a través de la conexión inalámbrica.

La segunda razón por la que el iPod touch es un buen dispositivo para la lectura de archivos PDF tiene que ver con lo extremadamente intuitivo que resulta pasar de una página a otra del documento que tenemos abierto, así como ampliar zonas del mismo.

De la misma manera que ocurre cuando estamos viendo fotografías en el iPod, podemos pellizcar cualquier parte del documento PDF y aumentarlo progresivamente de tamaño, a medida que separemos los dedos, o reducirlo a medida que los juntamos de nuevo.

Siguiendo la misma lógica, desplazarnos hasta la página siguiente o a la página anterior del documento se reduce a trazar con el dedo sobre la pantalla una línea vertical hacia arriba o hacia abajo, según queramos avanzar hacia la siguiente página o volver a la anterior, respectivamente. Sería difícil lograr que fuera más sencillo.

Por si esto fuera poco, al cerrar un PDF, se almacena información sobre la página en la que nos encontrábamos, de modo que, al volverlo a lanzar, se nos muestra inmediatamente abierto por esa página concreta, con el enorme ahorro de tiempo y comodidad que ello representa.

A la vista de estos datos, uno puede sentirse inclinado a pensar que el iPod touch es un dispositivo perfecto para ver documentos PDF.  Sin embago, aunque está cerca de serlo, todavía hay aspectos que podrían mejorarse sustancialmente.

En particular, contar con una pantalla de mayor tamaño sería una auténtica delicia. La actual es suficiente, pero se queda corta y resulta incómoda para leer algunos archivos PDF que contienen gráficos o en los que se ha empleado una tipografía poco afortunada para la lectura en pantalla.

Por esta razón, seguí con cierta expectativa la reciente Keynote de Enero de 2009, pues se había rumoreado que era posible que Apple presentara en ella un dispositivo con un tamaño de pantalla mayor que el del iPod touch / iPhone.

Como a estas alturas todos sabemos, esta vez la keynote de Apple resultó ser una pequeña decepción, ya que los de Cupertino no presentaron ningún nuevo dispositivo radicalmente diferente a lo que ya tenían en catálogo, como algunos habían fantaseado.

Estoy convencido de que, más temprano que tarde, Apple presentará un dispositivo con un tamaño de pantalla superior al que el iPod touch ofrece hoy en día. Hasta que ese momento llegue, habrá que conformarse y seguir utilizando el iPod touch actual para leer nuestros documentos PDF en cualquier lugar y sin imprimirlos en papel. Con lo cómodo que esto resulta ya en la mayoría de los casos, creo que podré soportar la espera.

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WeLoveWP.com

by admin on Enero 13, 2009

Me complace anunciar que he conseguido añadir WeLoveWP.com, una web dedicada a ese excelente CMS que es WordPress, a mi lista de proyectos en Internet.
WeLoveWP.com
Tengo unas cuantas ideas para potenciarla, que espero ir poniendo en marcha durante los próximos meses. Seguiré informando.

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5 veces de cada 6, esto destruirá tu negocio

by admin on Diciembre 31, 2008

En ese momento, yo no lo sabía, pero el sonido que acababa de oír era el de mi negocio rompiéndose en mil y un pedacitos.

Dejadme que retroceda un poco en el tiempo.

Después de 3 días de trabajo agotador, por fin acababa de terminar un informe que tenía previsto ofrecer gratuitamente a los lectores de mi blog.

Eran 15 páginas del mejor material que había escrito en mucho tiempo, y lo estaba repasando una última vez para añadir un poco más de chispa aquí y allá.

Estaba tan concentrado aporreando el teclado que ni siquiera me di cuenta de que había empezado a llover. Cuando cayeron los primeros relámpagos, tampoco les presté mucha atención. Entonces, de repente, las luces perdieron intensidad durante un breve instante y la pantalla del ordenador se apagó completamente.

Fue difícil ignorar eso.

Tampoco es que me preocupara mucho en ese momento, pues recordaba que había ido guardando el trabajo frecuentemente, a medida que hacía progresos. “Como mucho, he perdido unos 5 minutos o así de correcciones que puedo repetir fácilmente de nuevo en caso de que sea necesario”, me dije a mí mismo.

Cuando volvió la luz, arranqué el ordenador y enseguida me dí cuenta de lo equivocado que estaba.

En realidad, sería más correcto decir: “Encendí el ordenador”, pues éste se negó en redondo a arrancar. Quise intentar con el “Modo Seguro”, pero no conseguí llegar tan lejos en el proceso de arranque.

Sentí como el alma se me caía a los pies. Al fin y al cabo, absolutamente todo mi negocio estaba metido en ese ordenador.

No quise detenerme a pensar en lo que aquello significaba. Cuando me tranquilicé un poco, llamé a la única persona que conozco que quizás podría hacer algo para arreglar el desaguisado: mi amigo Antonio.

Cuando Antonio llegó, echó un vistazo a mi oficina y, antes siquiera de intentar encender el ordenador, dijo:

-Juan, desde luego, tienes un verdadero problema aquí.

Antes de que pudiera preguntarle por qué, continuó:

-Bueno, vamos a ver si podemos arreglar primero el más urgente. ¿Qué demonios ha pasado?

No tuve fuerzas ni ganas para contestarle.

Se puso manos a la obra y, después de un rato de forcejeos, de alguna manera logró que el ordenador mostrara una pantalla que yo no había visto en mi vida. Hizo algunos cambios ahí, metió un CD en la unidad y reinició el ordenador. Lo que apareció entonces en el monitor no se parecía en nada a mi escritorio habitual.

-La buena noticia es que tu ordenador todavía funciona -dijo lacónico.

-¿Y la mala noticia? -pregunté con una voz temblorosa.

-Es posible que el disco duro esté frito. ¿Haces copias de seguridad regularmente?

-No -reconocí amargamente.

Arturo solamente movió la cabeza de un lado a otro y dijo:

-Entonces, comienza a rezar lo que sepas -mientras sacaba una extraña caja que había traído junto a su ordenador portátil.

Mientras él trabajaba, yo rezaba… Y sudaba. Y hacía un inventario mental de todas las cosas que tenía en ese disco duro… Y recé un poco más.

Fue entonces cuando sacó el disco duro de mi ordenador y lo enchufó a aquella caja. Conectó el conjunto a su ordenador y lo inició. Después de unos minutos de hacer cosas que yo no entendía por completo, me miró y me dijo:

-Vas a tener que rezar con un poco más de ganas.

La cabeza me empezó a dar vueltas. Pensé que iba a vomitar.

Unos minutos más tarde, Antonio dijo:

-Esto debería funcionar, pero va a llevar un rato. Vámonos a comer… Lo siento, tú invitas

En ese momento, apetito no era precisamente lo que tenía, pero salimos a comer de todos modos.

Durante la comida, Antonio me hizo algunas preguntas incómodas. La mayoría relacionadas con el tipo de seguro que tenía contratado para mi casa y oficina. También me preguntó si tenía alguna inversión para la jubilación. Me hizo sumar mentalmente el coste de todo ello y me formuló una pregunta más.

-Juan, ¿es un pasatiempo darle de comer a tu familia?

Indignado, respondí que, obviamente, no lo era.

-Vaya, pues ¿sabes una cosa? hoy has estado a punto de convencerme de todo lo contrario -ironizó Antonio.

Entonces, empezó a explicarme con todo detalle qué podría haber causado el problema con mi ordenador.

Básicamente, todo se reducía a fluctuaciones de electricidad, como las que la tormenta había causado o las bajadas de tensión que a menudo ocurren en verano.

Me dijo que esas variaciones en el flujo eléctrico tenían suficiente poder como para destruir cualquiera o todos los componentes de mi equipo, además de, por supuesto, toda la información que contuviera. Por si esto fuera poco, mencionó que un simple fallo del disco duro, por éste u otros motivos, podría borrar todos mis registros y todo mi trabajo.

Después me dijo algo que me sorprendió.

-Juan, es fácil reemplazar un ordenador. De hecho, cada vez son más baratos. Pero si esa subida de tensión hubiera borrado toda tu información sin que tuvieras copias de seguridad, tendrías una oportunidad entre seis de que tu negocio siguiera en marcha dentro de dos años.

Por la expresión de mi cara, se dio cuenta de que no le creía. O quizás no quería creerle.

-Sí, va en serio -dijo-. Aproximadamente el 85% de los negocios que sufren una pérdida catastrófica de información fracasan poco después. La mayoría muerden el polvo antes de dos años. Y casi toda las pérdidas graves de información son el resultado de problemas o fallos del disco duro, combinadas con la ausencia de copias de seguridad actualizadas.

Cuando terminó, dijo:

-Vamos, nos vamos de compras. Todavía tenemos mucho tiempo antes de saber si has tendido suerte o no.

Mientras caminábamos hacia mi coche, me preguntó de forma imprevista:

-Por cierto. Si perdieras tu negocio, ¿cómo ibas a poder pagar todos los seguros que tienes contratados para proteger a tu familia?

¡Ay! Eso me dolió. Antonio podía ser un auténtico dolor de muelas… Sabía que lo hacía para darme un escarmiento y que cobrara consciencia de lo delicado de la situación y de lo inconsciente que había sido, pero aún así, no podía evitar que sus comentarios me hirieran como afilados dardos lanzados contra mí.

Cuando llegamos a la tienda de ordenadores, Antonio cogió un carro… Entonces, me di cuenta de que no iba a ser una compra de 20 euros precisamente.

Hablamos un poco más sobre cosas triviales a medida que Antonio metía cosas en el carro. No era tanto como había pensado al principio. Una memoria USB, un paquete de DVD vírgenes y un disco duro externo. Todo eso cabe en la silla para niños del carrito de la compra. ¿Para qué el carro?

Cuando cogimos el último artículo, obtuve una respuesta contundente: esa cosa parecía pesar lo mismo que mi ordenador, una bala de cañón y la rueda de repuesto de mi coche juntos, todo metido en una caja de tamaño mediano. Nos acercamos hasta las cajas.

-Págale a esta mujer tan maja, Juan.

Algo más de 300 euros menos más tarde, la mayoría pagados por esa misteriosa monstruosidad que casi me parte la espalda al intentar moverla, nos dirigíamos a casa.

Cuando regresamos, Antonio miró su portátil y me dijo que aún teníamos algo de tiempo. Empezó a sacar las cosas que habíamos comprado y después desenchufó mi ordenador y el monitor. Mientras configuraba cada dispositivo, me dijo para qué servían. Empezó con el más grande.

-Esto -dijo- se llama Sistema de Alimentación Ininterrumpida, un SAI. Protege el ordenador y otros componentes contra las fluctuaciones eléctricas. Enchufa en él todas las cosas delicadas: el ordenador, el monitor, la unidad de disco duro externo y el ADSL. Si tu teléfono es de los que dejan de funcionar cuando se va la luz, quizá debieras enchufarlo aquí también.

»También sirve como batería de emergencia. Si se va la luz por completo, empezará a pitar. Desde que el pitido inicial, tienes de 30 a 90 minutos antes de que se agote completamente la batería y se apague todo, dependiendo de cuánta electricidad estés consumiendo. Mi consejo: tan pronto como este cacharro empiece a pitar, guarda tu trabajo y apágalo todo.

»El teléfono usa bastante menos electricidad que tu ordenador y monitor, así que durará más tiempo si es lo único enchufado a la batería. También puedes enchufar el cargador de tu móvil en caso de emergencia.

»Cuando consigamos arrancar tu ordenador, configuraré el SAI para que apague automáticamente el ordenador, para el caso en que se vaya la luz y tú no estés en la oficina.

»Seguramente te hubiera bastado con uno SAI más barato, pero ¿para qué arriesgarse? Con este, tienes el mejor que te puedes permitir. Las unidades más pequeñas están bien, pero no duran tanto ni te ofrecen la misma protección. Lo último que querrías es confiar en uno de esos enchufes que dicen ser protectores contra sobretensiones y que, en realidad, son casi lo mismo que no usar nada en absoluto.

»Esto te ayudará a proteger el ordenador y la información, las dos cosas.

»Sin embargo, no te fíes completamente. Un SAI no te protegerá de los fallos en el disco duro causados por virus o simplemente un error humano. No serías la primera persona inteligente que haya borrado completamente su ordenador de forma accidental.

Durante todo el tiempo que estuvo hablando, yo pensaba para mis adentros, “¿Todos estos problemas se podían haber evitado enchufando el ordenador a uno de esos chismes?” Así que se lo pregunté.

-Sí. Es más, teniendo en cuenta lo pequeña que fue la fluctuación que, en tu caso, causó el problema, te hubiera bastado con una de esas unidades de 49 euros.

Otra vez, ¡Ay!

-Te recomiendo que cambies ésta al menos cada dos años. Si puede ser cada año, mejor. Son mastodónticas, pero se estropean pronto.

Mientras pensaba en mi propia estupidez por no preocuparme de todo esto cuando compré el ordenador, mi amigo comenzó a configurar el disco duro externo.

-Esto -dijo- es para hacer copias de seguridad regulares. Puedes hacerlas de dos maneras:

»En primer lugar, automáticamente, con el software que incluye para realizar copias a intervalos de tiempo programados.
En ese caso, la ventaja es que no tienes que pensar en ello. La desventaja es que significa que tienes que dejar la unidad de disco duro externa siempre enchufada y encendida. Mientras la mantengas conectada a uno de esos enchufes del SAI, no deberías tener ningún problema.

»La otra manera es hacer copias de seguridad manualmente. Eso es un poco más rollo, pero te permite desenchufar la unidad de disco duro externo totalmente cuando no estás haciendo copias de seguridad. Mantenlo conectado a uno de los enchufes protegidos del SAI cuando hagas las copias de seguridad y lo único que podrá estropear tu información es que se incendie la casa.

-Si eso ocurre, tienes cosas más importantes de las que preocuparte -rió Antonio.

-Yo hago mis copias de seguridad manualmente, pero tengo una rutina para estas cosas. Tú no ibas a recordarla, así que te recomiendo que uses el sistema automático. Te lo configuraré antes de marcharme.

-Vale, vale, tienes razón. No iba a acordarme… Pero ¿no podrías ser un poquito más diplomático?

Después, señaló el paquete de DVDs.

-Esos DVDs -dijo- son para mantener copias de seguridad en otro lugar. Tan pronto como consigamos que tu ordenador funcione de nuevo, vamos a hacer copias de seguridad de toda la información importante que contiene en esos DVDs, y los vas a guardar en algún sitio lejos de tu casa. Por ejemplo, con un amigo de confianza, en una caja fuerte… en cualquier sitio menos aquí.

»De ese modo, si se incendiara tu casa o pasara alguna otra desgracia que arruinara todo en tu oficina, como una gotera, un virus informático o un error humano, seguirías estando protegido.

»También voy a configurar aquí un cortafuegos y un antivirus. No hay garantías de que vayan a detener todas las amenazas con las que te encuentres, pero reducirán aún más los riesgos.

»La frecuencia con la que necesites copias de seguridad en DVD dependerá de cuánto cambia tu información y lo grave que resultaría perderla. Te recomiendo que lo hagas por lo menos dos veces al mes, preferiblemente una vez a la semana. Esto es para los datos muy importantes.

»Otra alternativa es comprar un segundo disco duro externo, como el que hemos comprado hoy, e intercambiarlos semanalmente. Guarda el que no está conectado en otro lugar.

-Vale, tendré que pensar en eso -respondí- .¿A qué sitio voy todas las semanas donde podría guardar el disco duro que no estoy usando? -razoné en voz alta.

-La memoria USB es para almacenar información a corto plazo y archivos muy importantes que cambian con frecuencia. Como ese informe del que me hablabas en el que estabas trabajando cuando se fastidió todo. Al final del día, copia tu trabajo a la memoria USB. Cuando hayas terminado la copia, desenchufa la memoria USB y déjala sobre el escritorio. Eso mantendrá a salvo todo tu trabajo entre una copia de seguridad y otra.

-¿Alguna pregunta?

Mientras Antonio volvía a su portátil para ver el progreso de lo que fuera que estaba haciendo con mi antiguo disco, pensé en lo que acababa de decir. Si todo esto no me acabara de ocurrir, hubiera pensado que era un paranoico desquiciado.

Pero ahora no lo pienso, desde luego. No quiero volver a tener que pasar por esto nunca más.

-Buenas noticias -dijo Antonio- Parece que tus rezos han sido escuchados. El disco duro no está frito. Solo habían desaparecido unos archivos que he podido recuperar. Vamos a enchufarlo a tu equipo para que puedas empezar a trabajar de nuevo.

Mientras lo hacía, y mientras hacíamos mis primeras copias de seguridad, seguía pensando en lo cerca que había estado del desastre absoluto, y en qué hubiera pasado si el disco duro se hubiera estropeado definitivamente, o si no hubiera tenido la suerte de tener un amigo que me lo arreglara.

Al fin y al cabo, no mucha gente conoce a alguien como Antonio.

En cierta manera, tengo una copia de seguridad de mi casa, en forma de seguro del hogar. También tengo una copia de seguridad de mis ingresos para mi familia, gracias al seguro médico y de vida. Pero, ¡si hasta tengo un coche de repuesto en el garaje!

Pensaba que era inteligente. Pensaba que estaba protegido y a salvo. Y, sin embargo, algo tan simple como una tormenta podría haber destruido el negocio del que proceden los ingresos para pagar todo eso.

“Aproximadamente el 85% de los negocios que sufren pérdidas de información catastróficas fracasan en dos años”, había dicho Antonio.

Y todo podía evitarse con unos 300 euros en hardware. O incluso con un SAI de 50 euros y unos DVDs vírgenes.

Estúpido, estúpido, estúpido. Pero nunca más me volverá a ocurrir. Lo prometo.

Y ahora, ¿dónde voy a guardar esas copias de seguridad remotas? Uhm. ¿Que tal en casa de mis padres?

Nota: Este artículo es una traducción y moderada reinterpretación de un texto en inglés con el que me tope casualmente, que ponía el énfasis en la necesidad de mantener copias de seguridad actualizadas para proteger nuestros negocios. Me pareció interesante y muy eficaz en su propósito, razón por la cual lo he traducido y lo comparto aquí. Lamentablemente, desconozco su autor original.

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