Sticky Password

Por Pedro Murillo, Thursday, March 30, 2006 a las 10:40:56 AM

El más severo inconveniente que le veo a la imparable migración de actividades cotidianas hacia la web es la cruel exigencia de tener que recordar simultáneamente decenas de contraseñas.

Gracias a Internet, hoy puedes realizar una transferencia bancaria internacional en apenas unos segundos, hacer la compra en el supermercado sin empujar ningún cacharro con ruedas y hablar a precio de llamada local con alguien en Kuala Lumpur sin levantarte de la silla, pero ¿eres capaz de recordar todos los nombres de usuario y contraseña que necesitas para ello?

Sticky PasswordSi has respondido con un sí rotundo, déjame darte la enhorabuena… y arquear una ceja escéptica.

Si, por el contrario, te sabes incapaz de recordarlos todos aunque tu vida dependiera de ello, bienvenido al numeroso club de los que carecemos de una memoria prodigiosa.

Pero no desesperes, porque la aplicación que te recomiendo a continuación deja obsoleta hasta la más entrenada de las memorias y convierte recordar contraseñas en algo innecesario.

Su nombre es Sticky Password, y es un gestor de contraseñas que hará que no quieras usar ningún otro.

Son varias las características que ponen a esta aplicación un peldaño por encima de la mayor parte de sus competidores, pero puestos a escoger me quedo con las siguientes:

* Funciona con cualquier programa, no sólo con el navegador web.

* Protege tus contraseñas fuertemente, utilizando un algoritmo de encriptación sólido.

* Previene el phising y el robo de identidad, alertándote antes de que inadvertidamente introduzcas en una web falsa tus datos confidenciales.

* Permite configurar múltiples usuarios y contraseñas para una misma web o programa. Muy útil cuando tienes varias cuentas de correo… o un desdoble serio de personalidad. ¡Eh, sucede!

* Interface de usuario innovador y muy usable, que hace placentero el trabajar con la aplicación.

En definitiva, un software notable como un ocho, que convierte un problema que estaba destinado a oscurecer tu vida digital en un insignificancia. No era fácil.

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PureText: Texto sin impurezas

Por Pedro Murillo, Thursday, March 30, 2006 a las 10:20:51 AM

El texto enriquecido y la leche con calcio añadido tienen algo en común: A veces, simplemente, el agregado está de más.
 
Y es que hay ocasiones en las que uno sólo quiere beberse un vaso de leche tal y como sabe cuando sale de la vaca, o necesita copiar un texto despojado de todos sus atributos de formato: nada de colorines, ni cursivas, ni tipografías de tamaño king size.

¡Dame la información, olvídate del formato! - gritas, pero nadie te hace caso.

Si alguna vez has intentado copiar una tabla de números desde Internet Explorer a Excel, sabes bien lo molesto que puede llegar a resultar.

Marcas el número en Internet Explorer, CTRL+C aquí y CTRL+V en Excel.
 
¿Fácil, no?

Sí, en teoría, hasta que observas impotente como Excel invierte cinco interminables segundos en mostrar el dato en pantalla, consecuencia del innecesario esfuerzo realizado para preservar su formato original que, por otro lado, a ti no sólo no te importa, sino que además te molesta.
 
Puede que cinco segundos te parezcan poco y creas que exagero, pero cuando las cifras a copiar de un lado a otro superan la decena, uno comprende a la perfección el extraordinario poder que se esconde detrás de la agregación de cantidades pequeñas.
 
Veinte minutos más tarde, aún vas por la mitad y estás ya más que harto del trabajito. ¡Argh!
 
Recuerdo haber pensado con frecuencia: Tiene que haber una solución a esta tortura. 

Y la hay: ¡PureText al rescate!
 
PureText es uno de esos programas que adoro recomendar: pequeño hasta el punto de no necesitar ni siquiera proceso de instalación, elegante… y muy eficaz.
 
Cuando lo ejecutas, aparece un nuevo icono en la barra de tareas, sobre el que puedes pulsar cada vez que quieras desnudar de atributos innecesarios el texto almacenado en el portapapeles.
 
Además, te permite configurar un atajo de teclado para poder llevar a cabo esa misma función sin poner ni un sólo dedo sobre el ratón.

De ese modo, puedes conservar en el portapapeles el texto con sus atributos originales y pegarlo con o sin formato según te haga falta:
 
Símplemente, usa el clásico CTRL+V cuando desees conservar los atributos de formato originales, y el nuevo atajo de teclado que hayas definido cuando desees librarte de ellos.
 
Sencillo, útil, práctico.
 
Reduce las pérdidas innecesarias de tiempo: Alarga tu vida. Pruébalo.

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Paint.NET

Por Pedro Murillo, Thursday, March 30, 2006 a las 09:08:32 AM

Cuando se trata de retoque fotográfico, desde que hace dieciocho años apareciera la primera versión del programa, el jurado ha sido aburridamente predecible y unánime en su decisión: Photoshop es el dueño indiscutible del escenario.

Sin embargo, la respetable cifra de cuatro dPaint.NETígitos impresa hoy en su etiqueta de precio, y la creciente sofisticación y perfeccionamiento de sus competidores, hace que tenga más sentido que nunca buscar alternativas a este merecidamente longevo espécimen del ecosistema del diseño gráfico asistido por ordenador.

La que te presento aquí, Paint.NET, ocupa por méritos propios una posición privilegiada en la tríada de los competidores de Photoshop más destacados, completada por Paint Shop Pro y The GIMP, de las que hablaré en otra ocasión.

En Paint.NET, encontrarás gran parte de las características que han hecho célebre a Photoshop: capas, filtros, y una bien nutrida y versátil caja de herramientas, a un precio con el que Adobe no puede ni siquiera intentar competir: gratis.

Sí, admitidamente, Paint.NET tiene aún ciertas asperezas que limar y una sustancial distancia que recorrer si quiere competir de tú a tú en funcionalidades con Photoshop, pero no por ello deja de ser una opción más que interesante y económicamente viable, con las que el usuario no profesional puede satisfacer plenamente sus inquietudes artísticas.

Existe además un Language Pack que permite disfrutar de la interface de usuario en español.

¡Dale una oportunidad!

No te defraudará.

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Si esto no hace que se te salten las lágrimas…

Por Pedro Murillo, Wednesday, March 29, 2006 a las 04:15:13 PM

… hay que cavar un agujero en el suelo y meterte dentro.

Échale un vistazo al vídeo de un verdadero héroe.

¿Crees que tienes problemas?… No los tienes.

¡Tienes oportunidades!

Bucea y encuentra a ese alguien especial aletargado en tu interior… Está ahí… ¡Déjalo salir! 

  • Entusiamo
  • Amor
  • Creatividad

… Son las emociones que liberan al genio que hay dentro de cada uno de nosotros.

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Perry Marshall

Por Pedro Murillo, Thursday, March 16, 2006 a las 11:49:36 AM

Hay una singularidad destacable en Google Adwords que lo convierte en un sistema fácil de usar, notablemente difícil de dominar: es engañosamente sencillo.

Después de utilizarlo durante varios meses e invertir en él una cantidad respetable de dinero, uno tiende a caer en la autocomplacencia.

Cree entonces que sabe todo lo que se puede llegar a saber sobre el juego, que conoce a la perfección sus reglas y que puede jugarlo tan bien (o mejor) que cualquier otro jugador, por bueno que éste sea.

Yo, que lo creí fervientemente durante algún tiempo, puedo decirte algo al respecto: es mentira. Es sólo una ilusión ingenua y dañina que debes rechazar.

La realidad fría y dura es que, en cualquier momento dado, ahí fuera hay alguien que está haciendo las cosas mejor que tú, que conoce y emplea estrategias de cuya existencia tú ni siquiera sospechas, que está mejor informado y que te rebanaría el cuello en un instante si tuvieras el infortunio de tener que competir contra él.

Perry Marshall

En un mercado como Adwords, hipersaturado de competidores que te rocían los ojos con spray de autodefensa en cuanto te cruzas en su camino, la diferencia entre los vencedores y los vencidos, la distancia que separa a quienes ganan dinero de quienes lo pierden a carretillas, se expresa frecuentemente en cifras decimales.

Incrementar un 0,5% adicional el CTR de un anuncio, reducir unos cuantos céntimos el precio que pagas por una palabra clave, aumentar un 0,9% la tasa de conversión de tu web, son acciones aparentemente triviales, verdaderamente esenciales.

Ese 0,5% aquí, esos céntimos allá, significan la diferencia entre tener que salir del nicho en el que compites asustado y con el rabo entre las patas, o convertirte en el temido tirano que lo gobierna.

En este juego, todo perfeccionamiento, por marginalmente incremental que sea, es importante. No hay mejora suficientemente pequeña como para no llevarla a cabo, ni enemigo lo bastante menudo como para no respetarlo.

¿Cómo aprende uno esas tácticas que permiten que en su cocina los cuchillos estén mejor afilados que en la de los demás?

Sólo hay dos opciones: El largo, arduo, doloroso (pero a la vez insustituible) proceso de ensayo-error, y el valioso atajo de ir a pedirle los apuntes al chico listo de la clase.

Cuando se trata de estrategias avanzadas, poco usuales y altamente eficaces con las que extraer hasta la última gota de beneficio de ese pozo de petróleo al que llamamos Google Adwords, Perry es la persona hacia la que se dirigen todas las miradas.

¿Ves aquel fulano sentado a la izquierda en la primera fila? Pues es a él a quien yo en tu lugar le pediría los apuntes.

Sólo que, como este tipo es listo de verdad, se respeta a sí mismo y valora su tiempo, esta vez vas a tener que pagar por ello. ¿Qué creías?

Dinero a cambio de estrategias que permiten ganarlo. Me parece justo.

Empieza por The Definitive Guide to Google AdWords. Sigue luego con Ultra-Advanced AdWords “Black Belt” y, antes de que te des cuenta, estarás muy arriba en la cadena alimenticia del ecosistema Adwords.

Desde ese momento en adelante, serán otros los que se alimenten de lo que te sobre a ti y no a la inversa. Te habrás convertido en un gran depredador, dile adiós a la carroña.

Visita a Perry.

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Gary Halbert

Por Pedro Murillo, Thursday, March 16, 2006 a las 11:39:47 AM

Gary Halbert es más culpable que ninguna otra persona en el mundo de que se haya despertado en mí un interés obsesivo por el marketing directo y las posibilidades que encierra.

Cuando no sabía nada sobre el tema. Cuando aún era un técnico ingenuo y miope que despreciaba sistemáticamente todo lo que oliera a vender, considerándolo trabajo de segunda fila. Cuando todavía no veía con claridad que era el marketing, más que ninguna otra cosa, lo que mataba o salvaba un proyecto. Cuando estaba ciego, fue Gary Halbert quien, con sus magníficos artículos, me hizo abrir los ojos (de par en par)

Gary Halbert

Su web, The Gary Halbert letter, alardea de ser The most valuable website on the entire Internet y, si te interesa en algo el marketing directo, bien pudiera serlo.

A través de sus boletines, Gary ofrece valiosas y gratuitas lecciones, que proporcionan una educación en marketing directo de calidad difícil de igualar, no importa el precio que estés dispuesto a pagar.

¿Quieres ver en acción un estilo de comunicación directo y exento de rodeos? ¿Quieres aprender a decir las cosas de una forma tan clara, sencilla y directa como humanamente posible? ¿Quieres escribir textos emocionalmente intensos, que te cogen por las solapas y te zarandean, impulsándote a emprender una acción? ¿Quieres analizar el trabajo de alguien que utiliza palabras y frases como pinceles y lienzos con los que compone vívidas imágenes mentales que provocan emociones? ¿Quieres observar el modo correcto de impregnar tus escritos de una personalidad propia, intransferible y claramente distinguible?

Entonces, lee a Gary. Lee al tipo que ya ha olvidado más sobre marketing directo de lo que la mayoría de personas pueden llegar a aprender. No te defraudará.

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Creencia tóxica número 2: Elude el miedo

Por Pedro Murillo, Thursday, March 16, 2006 a las 11:35:37 AM

El miedo es la emoción humana más injustamente denostada e infravalorada de todas las que a lo largo de nuestra vida experimentamos.

Desde pequeños, se nos inculca que debemos eludirlo como a un enjambre de avispas enfurecidas. Se nos alienta a apartarnos de su camino, a ningunearlo sistemáticamente, a no nombrarlo por no invocarlo, a mirar hacia otro lado cuando lo vemos venir.

No debería ser así.

Miedo, combustible para la acción

El esfuerzo que inútilmente se disipa intentándonos convertir en personas sin miedo, daría un rédito incomparablemente mayor si se invirtiera en enseñarnos a gestionarlo adecuadamente y a utilizarlo como combustible para alcanzar nuestras metas, como gasolina que nos impulsa a la acción, en lugar de como lastre que nos inmoviliza y aparta de ellas.

El miedo es el plutonio de las emociones humanas y, al igual que éste, encierra en su interior una enorme energía al alcance de quienes saben desatarla.

Personalmente, soy plenamente consciente de que los logros más notables de mi vida, pequeños o grandes, los he alcanzado cuando ésta me ha puesto contra las cuerdas, cuando estaba pasándolo mal, cuando el miedo corría salvaje y desbocado por mis venas.

Nunca he hecho nada que merezca verdaderamente la pena sin miedo en el cuerpo. Jamás.

Si aún soy capaz de hacer algo destacable cuando las cosas me van bien, cuando todo está en calma, es sólo porque constante y premeditadamente siembro en mí el miedo a que todo cambie de repente, el miedo a que, en un instante, el viento empiece a soplar en otra dirección y la cosa se ponga fea.

El temor al cambio repentino y catastrófico, y el deseo de estar tan preparado para hacerle frente como me resulte posible, son, y han sido siempre, los verdaderos motores que impulsan mi vida.

¿Crees que vivo acojonado?

Tienes razón. Estás en lo cierto. Es exactamente así como me siento: asustado. Pero es un pavor del que se desprende energía y acción, no parálisis.

Vivo con el miedo permanentemente metido en el cuerpo, pero no dejo que eso me haga sentir mal o, al menos, no tan mal como para que se me quiten las ganas de ponerme en movimiento.

Alguien dijo que la verdadera valentía consiste en tener miedo y hacerlo igualmente. Sucede que estoy totalmente de acuerdo.

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Creencia tóxica número 1: Sólo lo complejo puede funcionar

Por Pedro Murillo, Thursday, March 16, 2006 a las 11:20:47 AM

Una de las tendencias nocivas arraigadas con mayor fuerza en nuestra cultura occidental consiste en desacreditar ferozmente lo simple, en beneficio de lo complicado. En otras palabras, dar por sentado que si algo no es complejo, no funcionará.

Esa predisposición a suponer que lo intrincado es más valioso y eficaz que lo sencillo se ha extendido como la hiedra venenosa, hasta alcanzar niveles de epidemia:

Lo sencillo a menudo supera a lo complejo

Sistemas de inversión basados en turbias ecuaciones matemáticas o complejos mecanismos neurológicos que, sin embargo, producen resultados mediocres cuando se los compara con métodos que no se alejan lo más mínimo de los elementos básicos, ampliamente contrastados.

Suplementos dietéticos que prometen una rápida, placentera y permanente reducción de peso, en virtud de no se sabe bien qué compleja alteración de nuestro metabolismo, y cuyos resultados palidecen ante los ofrecidos por la considerablemente más sencilla estrategia de dieta adecuada y ejercicio.

Oscuros métodos de posicionamiento en buscadores, que se sustentan sobre pilares poco claros, y que resultan ineficaces o simplemente contraproducentes, cuando todo lo que hubiera sido necesario eran unos pocos enlaces aquí y allá, en webs relevantes suficientemente consagradas.

Y es que, con una mirada atenta, uno encuentra complejidad improductiva esclavizando sencillez eficaz casi en cualquier dirección hacia la que mira.

Personalmente, creo ciegamente en lo sencillo y persigo con ahínco simplificar gradualmente todo lo que hago hasta reducirlo a la cantidad mínima posible de pasos básicos.

Lo hago porque soy plenamente consciente de que de esa simplificación emana, más veces que no, un incremento de eficacia, claridad de pensamiento y, por supuesto, tiempo libre que dedicar a las cosas que verdaderamente me importan.

Ya lo dijo Leonardo Da Vinci mejor que nadie después de él:

“La simplicidad es la forma más elevada de sofisticación”

Amén.

plificación emana, más veces que no, un incremento de eficacia, claridad de pensamiento y, por supuesto, tiempo libre que dedicar a las cosas que verdaderamente me importan.

Ya lo dijo Leonardo Da Vinci mejor que nadie después de él:

“La simplicidad es la forma más elevada de sofisticación”

Amén.

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Chunks of time

Por Pedro Murillo, Thursday, March 16, 2006 a las 11:19:44 AM

Marko Vodopija. Croata.

Ésos son el nombre y la nacionalidad de la persona más abrumadoramente brillante con la que he tratado.

Nos conocimos a finales de 1999, quizás comienzos de 2000, gracias a SuperShareware.com

Marko envió su programa: TurboNavigator, un clon para Windows de Norton Commander (el programa más útil para MS-DOS jamás creado), junto con una pregunta y una dirección de correo electrónico a la que responder.

Casi inmediatamente contesté a su consulta, y él contraatacó enviándome otra pregunta más. Entonces, le pedí su número de ICQ y empezamos a conversar a través de mensajería instantánea.

Después de charlar con él durante diez minutos, me resultó evidente que era un tipo sobresaliente, así que le propuse algo:

Marko, hace tiempo que me ronda por la cabeza la idea de crear una aplicación de escritorio con la que administrar SuperShareware.com en menos tiempo y con mayor facilidad. ¿Te interesa el proyecto?

Como era de esperar, me hizo algunas preguntas para clarificar qué necesitaba exactamente, y  me interrogó acerca de cuánto estaba dispuesto a pagar por ello. Le dije un precio (nada desorbitado) y me lanzó un desafiante: ¿Puedo empezar ahora? Adelante – contesté.

Lo que sucedió a continuación me dejó con la boca tan abierta como cuando voy al dentista: al día siguiente,  Marko me mostró un prototipo de la aplicación en la que había implementado todas y cada una de las funciones que yo sólo había esbozado vagamente. Todas.

No me lo podía creer. Aquel tipo había puesto a funcionar, en menos de un día, una aplicación para la que yo había anticipado un mes de intenso trabajo.

No sólo eso, Marko había integrado en el programa las características que necesitaba, de un modo notablemente superior a como yo había propuesto inicialmente.

Había anticipado los problemas que inevitablemente hubieran surgido en caso de seguir mis recomendaciones al pie de la letra. Me había desoído deliberadamente. Se había saltado a la torera mis sugerencias y, al hacerlo, nos había evitado a los dos muchos dolores de cabeza.

Bien hecho, pensé.

No tardé en comprender que no había sido por casualidad. No había sido un golpe de suerte. Tuve oportunidad de poner a Marko a prueba en muchas otras ocasiones, y casi siempre me dejó con ojos de vaca viendo pasar el tren al contemplar su trabajo. Era realmente bueno.

Había dos cosas en él que le ponían una cabeza por delante del resto:

En primer lugar, la velocidad con la que resolvía problemas complejos, adoptando un enfoque sencillo. Rompecabezas que otros programadores tardaban días en esclarecer era,n frecuentemente para él, una cuestión de horas. A veces, minutos. Va en serio. Totalmente.

En segundo lugar, no necesitaba a penas guía. Simplemente le decías hasta dónde querías llegar y él se ponía a trabajar infatigable, sorteando por sí mismo los obstáculos que encontraba en el camino. Marko nunca hacia preguntas para las que pudiera encontrar una respuesta por sí mismo. Hacer preguntas tontas le aterraba tanto como la luz a una criatura de las profundidades abismales.

Otra gente con la que trabajé necesitaba un plan detalladísimo antes de ponerse manos a la obra. Querían saber exactamente qué hacer y cómo hacerlo. Exigían que se les cogiera de la mano, que se les entregara un mapa de carreteras que pormenorizara cada curva, cada bache en el camino. Eran, por encima de todo, seguidores de recetas.

Marko, sin embargo, era un chef que hacía las mínimas preguntas posibles, sólo cuando tenía perfecto sentido y era estrictamente necesario hacerlas.

Fascinado como estaba por su inusual productividad, intenté descifrar su secreto:

What is it, Marko? What makes you code faster and better than all the other programmers that I’ve known?

¿Su respuesta?

Un lacónico “Chunks of time, man”

Cuando le repliqué con un desconcertado “What do you mean?”, me contó que, dejando a un lado su incontestable dominio del lenguaje de programación con el que trabajaba (Delphi), y su experiencia conseguida sólo después de largos años de fanática dedicación a la programación, el secreto de su alta productividad era dividir su tiempo en bloques sin fisuras, rigurosamente impermeables a las distracciones.

Si tenía 30 minutos y decidía invertirlos en resolver un determinado problema, se aseguraba de que nada le interrumpiera durante ese tiempo. Y cuando digo nada, quiero decir NA-DA. Caía una bomba sobre su escritorio y Marko seguía pulsando teclas impasible. Estoy seguro.

Desconectaba el teléfono, cortaba su conexión a Internet, cerraba la puerta, se calzaba los auriculares y se ponía música tecno a toda pastilla para aislarse, no ya sólo de su familia, sino también de sí mismo y de otros pensamientos no vinculados directamente con aquello que pretendía resolver. Imagínate una cámara de aislamiento en un pabellón psiquiátrico. Por ahí va la cosa.

Me dijo que no me confundiera, que lo de la música a todo trapo no era algo accesorio, sino un ingrediente necesario, fundamental e ineludible en el ritual que le llevaba al éxtasis cognitivo. Sin música, no entraba en esa zona, bien conocida para los deportistas de élite, en la que el tiempo no existe. Sin música, no había fiesta. Así de simple.

Marko era un experto en concentrar de forma indivisa toda su energía y atención en el problema que tenía frente a sí (y sólo en ése). Eso le ponía un par de peldaños por encima del resto. Por eso, alcanzaba el descansillo de la escalera cuando los demás estaban aún dando los primeros pasos en la base de ésta. Era un rayo láser de precisión quirúrgica. Un maestro Zen del aquí y del ahora. Un ser temporalmente unidimensional, que vivía sólo en el instante presente, sin proyectarse hacia al pasado o hacia el futuro, los cuales no existían para él, al menos NO cuando trabajaba…

Tampoco cuando se iba de fiesta, como certifica el hecho de que, frecuentemente, desapareciera durante tres o cuatro días, a veces cinco, sin decir ni una sola palabra.

Al regresar, te contaba sin el menor atisbo de arrepentimiento, que había estado disfrutando de una fiesta Rave durante varios días y sus respectivas noches, con la misma fanática dedicación que ponía en su trabajo.

Así era Marko. Aborrecía la neutralidad y no permitía que ésta se alojara en su vida. Era todo o nada. Blanco o Negro. Sin excepción.

Desconozco dónde se encontrará Marko hoy en día. He intentado volver a contactar con él en numerosas ocasiones, pero nunca lo he conseguido. Ha desaparecido sin dejar rastro. Como en sus mejores tiempos.

Me lo imagino con igual facilidad trabajando como desarrollador estrella en alguna empresa de software de vanguardia, que drogado hasta las cejas en una fiesta que se prolonga durante días. Hablando de él, ambas hipótesis son igualmente probables.

Esté donde esté, siempre le recordaré con gran admiración y cariño. Era un tipo genial (espero que lo siga siendo) que me mostró hasta dónde es posible llegar odiando con pasión la dispersión y no sucumbiendo a los apócrifos cantos de sirena de la multitarea.

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Acto subversivo

Por Pedro Murillo, Thursday, March 16, 2006 a las 11:18:37 AM

Si no existiera otra tipografía más allá de la Times New Roman, yo no escribiría. No mancharía ninguna pantalla, no emborronaría papel alguno ni con una simple coma. ¡Que me caiga muerto de forma fulminante ahora mismo si falto a la verdad!

No me da la gana escribir en Times New Roman

Aquí sigo… ya sabes lo que eso significa: no mentía.

No me da la gana escribir en Times sólo porque algún pope iluminado de Microsoft haya decidido que debería hacerlo y, no voy a negarlo, me siento un poco revolucionario por ello.

Tal y como yo lo veo, garabatear papeles con un tipo de letra diferente al que Microsoft sugiere es el acto subversivo más notable que puedes cometer sentado frente a un ordenador sin meterte en líos, exceptuando que lo hagas frunciendo simultáneamente el ceño y con cara de cabreado, que siempre suma algunos puntos, claro.

¿Que no? Recapacita. ¿De qué otra forma puedes llevarle instantáneamente la contraria a millones de personas en todo el mundo, sin acabar con las manos esposadas a la espalda?

¿Se te ocurre algún otro modo de apartarte a mayor velocidad de un hábito dominante, subconscientemente alojado en millones de personas, algunas de las cuales hablan lenguas que ni siquiera sabías que existían?

¿Te viene a la cabeza algún otro modo de atentar con mayor severidad contra una costumbre mundialmente hegemónica, saliendo ileso de ello?

Pues ya está. Lo que yo decía: cualquiera que no use Times New Roman en sus escritos es un revolucionario actual. Es el Che reinventado. Yo, frecuentemente, elijo una Courier New para serlo, o una Tahoma,si no tengo el cuerpo para serifas, como me sucede con frecuencia últimamente.

Sin embargo, somos pocos quienes ninguneamos sistemáticamente a Times. Muy pocos. Cada vez menos. Una especie en extinción. Piensa en linces ibéricos y quebrantahuesos. Lo mismo.

News Roman, cuyo nombre de pila le sobreviene del hecho de haber sido originalmente diseñada para el periódico inglés The Times, lleva las de ganar. A estas alturas, mucho tendrían que cambiar las cosas para que fuera de otro modo.

La pereza consustancial al ser humano, que provoca que el simple hecho de cambiar la letrita por defecto del procesador de textos se convierta en un desafío alejandrino, no ayuda en esto lo más mínimo.

El terreno de juego está, por tanto, injustamente nivelado a favor de Times. Tiene la batalla prácticamente ganada, aunque no siempre fue así. Pista:Courier fue el estándar de facto en la hoy casi desaparecida industria de las máquinas de escribir. ¿Alguien las sigue usando?

Pero los tiempos de aquel dulce dominio incontestable de Courier han pasado a la historia, dando paso a una sórdida realidad actual bien diferente:

Hoy, en cualquier momento dado, hay en el mundo cientos de miles de personas redactando invitaciones de boda, testamentos, discursos, currículos y cartas de amor, utilizando la tipografía más manoseada desde la fraktur que Gutemberg empleara para su primera Biblia no manuscrita.

Está ocurriendo en este mismo instante:

En Croacia, el joven Borislav escribe, desde el despacho de su padre en la casa señorial que tienen en Zagreb, vestigio de un esplendor pasado que ahora se desvanece y que nunca volverá, el primer borrador de la primera carta que le dirige a una mujer. Es también la última… pero esto él aún no lo sabe.

Después de ésta, sólo escribirá, años más tarde, algunas otras a la compañía estatal de teléfonos para pedirles, repetidamente y en un tono crecientemente amenazante, que dejen de facturarle por el acceso telefónico a Internet que dio de baja cuando se pasó al ADSL muchos meses atrás… pero esto él aún no lo sabe.

En la que escribe hoy desde las 10:47 de la mañana (son las 12:36), le declara su encendido amor a Vesna, una chica que conoció veraneando en Sibenik el pasado Agosto y que, seis meses después (estamos en febrero) no se ha podido quitar de la cabeza.

Lo hace en el Word croata usando, como no, unaTimes New Roman de 12 puntos. Eso le perjudica. Probablemente, mucho más que estar ciegamente enamorado…. pero esto él aún no lo sabe ni lo sabrá jamás.

Y es que una Courier (por muyNew que fuera), una Tahoma, una Verdana, hasta una Arial si me apuras, nunca hubiera dejado que Borislav le dijera a Vesna las cosas que Times le deja decir, un tanto alegre y muy irresponsablemente.

Cualquiera de ellas le hubiera parado los pies a Borislav antes de que se hiciera daño, como la prudente madre que, consciente del peligro que se cierne sobre su retoño, le detiene justo antes de que se lance cuesta abajo a probar sus límites con el triciclo, evitando que se rompa la crisma contra una farola unos metros más abajo.

Todas y cada una de ellas le hubieran alertado de que aquello que estaba escribiendo suponía firmar su sentencia de muerte, en lo que respecta a ganarse el amor de Vesna. Le hubieran hecho recapacitar, le hubieran salvado.

Quizás hubieran reducido su tamaño hasta convertir el texto en una amalgama incomprensible de puntitos negros. Quizás unos caracteres se hubieran agregado a otros, o a palabras vecinas, minando el texto de embarazosas faltas de ortografía que Borislav no hubiera tenido valor de enviarle a su pretendida. De algún modo u otro, lo hubieran detenido.

Times New Roman, sin embargo, no le detiene. No le salva. Le condena. Y lo hace de la forma más cruel, espoleándole a que continúe escribiendo frases inútiles e ineficaces, que sabe con certeza que le harán sonrojar cuando, semanas, meses, años y décadas más tarde las relea.

Times New Roman es así, embustera, cruel, falaz, engañosa. Una supuesta amiga que eclipsa al peor de tus enemigos.

No voy a ponerte una pistola en la sien. La decisión es sólo tuya. Pero, sabiendo lo que ahora sabes, ¿serás capaz de abrir tu procesador de textos favorito y empezar a escribir sin revisar antes en qué tipografía lo estás haciendo?

Hazlo como veas, pero yo me lo pensaría.

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