El magnífico emulador

Por Pedro Murillo, Thursday, March 16, 2006 a las 11:16:37 AM

Era un tipo flaco, chupado, seco, casi escuálido, cuya edad incierta resultaba difícil de precisar, pero que, casi con total seguridad, no había cumplido aún los cuarenta. Lucía una magnífica y tupida barba, negra como una fosa, acompañada por una melena que, recogida con una goma, caía vertiginosa sobre su recta espalda. Cuando llegué, no me percaté de su existencia, absorto como estaba en mis propias ideas, ajeno a la abigarrada muchedumbre que pulula errante por las calles de Benidorm en esta época del año. Fueron las risas de quienes presenciaban su actuación las que, violentas, interrumpieron mis pensamientos y me obligaron a centrar mi atención sobre él. 

Al principio, pensé que se trataba simplemente de un borracho mas- que, bajo los efectos del alcohol- daba muestras de su patetismo más flagrante. Muchas veces antes había presenciado similares espectáculos calamitosos y, por ello, acepté como válido, y sin que mediara reflexión alguna, el dictamen de mi intuición. No tardé en comprobar que me había equivocado al confundir ebriedad y adocenamiento con plasticidad y talento. 

El magnífico emulador en plena representaciónAquel hombre no era un borracho, sino un artista que ejecutaba con encanto su cómico papel. La calle era su teatro. La gente sentada en la terraza del cercano bar el público para el que actuaba.

Su representación consistía en imitar con precisión a los peatones que transitaban por la acera. Se situaba al lado de aquél que había escogido y le acompañaba en su deambular por delante del bar, imitando cualquier acción que éste realizara. Tan pronto como llegaba allí donde el bar dejaba de serlo, seleccionaba un transeúnte que caminara en sentido opuesto y volvía sobre sus propios pasos, repitiendo la función una vez tras otra.

Su repertorio de ademanes y gestos era extenso, y la precisión y rapidez con que en cada momento seleccionaba los que conferían a su representación una mayor credibilidad, dignas de elogio. Si el caminar del transeúnte al que había decidido acompañar era de lenta candencia, limitaba inmediatamente su innata vivacidad, para adecuar el suyo al de éste. Si era rápido y ligero, le resultaba aún más sencillo, pues, en ese caso, estaba en total sincronía con su modo natural de caminar. 

Al finalizar la actuación, dedicó a su público un par de breves reverencias, dijo gracias en un par de ocasiones; primero en español, luego en inglés, y solicitó permiso para coger el cenicero de una mesa a la que se sentaba una pareja de jóvenes, que accedió entusiasmada a su petición.

Acto seguido, y cenicero en mano, pasó entre las mesas, solicitando, sin exigir en ningún momento, compensación económica por el buen rato que había hecho pasar. Fueron muchos los que depositaron monedas en el cenicero que portaba. Tanto es así que hubo de vaciar en sus bolsillos el contenido del mismo un par de veces para dejar espacio a las monedas que aún debía recibir.

Después, todo volvió a la normalidad, cesaron las risas y carcajadas, no hubo ya imitados ni imitadores, y yo me sentí afortunado de haber presenciado la función del magnífico emulador y haber participado de su merecido éxito.

Popularity: 13% [?]

Nunca antes en toda la historia de la humanidad

Por Pedro Murillo, Thursday, March 16, 2006 a las 09:51:14 AM

Nunca antes en toda la historia de la publicidad (y de la humanidad) había sido posible escribir rápidamente un par de anuncios, gastarse unos cuantos euros y tener acceso inmediato a millones de personas, en menos de 10 minutos. Eso exactamente es lo que Google Adwords permite hoy en día.

Si esta idea (y las posibilidades que encierra) no te pone nervioso hasta mantenerte despierto por las noches, no tienes sangre de emprendedor corriendo por tus venas.

Adwords es el sueño más salvaje de cualquier publicista, la más desatada de sus fantasías convertida en realidad.

Popularity: 13% [?]

REGEX Buddy, o cómo escribir de forma fácil patrones de texto complejos.

Por Pedro Murillo, Thursday, March 16, 2006 a las 09:49:38 AM

Lo más importante que aprendí cuando, años atrás, programaba frecuentemente en PERL, fue a realizar operaciones complejas sobre ficheros de texto, utilizando expresiones regulares: REGEX

Cómo escribir de forma fácil patrones de texto complejos Hoy he tenido que hacer frente a una emergencia que me ha obligado a desempolvar y refrescar lo que me quedaba de aquellos conocimientos, y la cosa ha sido mucho más sencilla de lo que inicialmente esperaba sólo porque he descubierto Regexbuddy , un programa que hace que trabajar con expresiones regulares sea un juego de guardería, y que vale cada céntimo de los 29,95 euros que piden por él.Todos los detalles están aquí:

http://www.regexbuddy.com/

Y mientras estás en ello, échale también un vistazo a PowerGrep, un potente clon de grep para Windows que te permitirá realizar búsquedas y sustituciones en ficheros de texto o binarios, documentos Word, hojas de cálculo Excel y ficheros PDF, con la flexibilidad y potencia de búsqueda que otorgan las expresiones regulares.

Por último, si quieres aprender a usar expresiones regulares, la siguiente web ofrece una detallada explicación de sus entresijos, que merece la pena explorar:

http://www.regular-expressions.info/

 

Popularity: 23% [?]

Reutilización inteligente de texto: ¡Al fin!

Por Pedro Murillo, Thursday, March 16, 2006 a las 09:49:05 AM

Si te digo que durante años he estado buscando sin éxito una aplicación como ésta, créeme, no exagero. Hoy, al fin, la búsqueda ha concluido:

GhostTyperXML es un programa que te permite ahorrar tiempo, gracias a la reutilización inteligente de texto.

IN-TE-LI-GEN-TE.

Ése es el adjetivo clave, pues es la característica que lo pone una cabeza por delante del resto de aplicaciones similares, que además son legión.

¿Un ejemplo? ¡Claro, ahí va!: Imagina que todos los días tienes que contestar a cientos de correos electrónicos y que, en muchos de esos mensajes, se repiten una y otra vez las mismas o similares preguntas.

¿Qué haces?

Tal y como yo lo veo, tienes dos opciones:

A) Contestar manualmente, una vez tras otra, a cada uno de ellos y vivir en un estado permanente de déjà vu

O

B) Reutilizar el texto que redactaste en días anteriores para contestar rápidamente a quienes preguntan lo mismo que ya preguntaron otros.

Yo (y cualquiera que quiera conservar su cordura) siempre he optado por la segunda de las opciones, pero el copiar y pegar no me satisface nada.

Con frecuencia pensaba:“Tiene que haber un modo mejor de hacer esto”… Y lo había.

Pronto, descubrí toda una horda de programas dedicados a almacenar texto en una estructura jerárquica, con el propósito de reutilizar más tarde esos recortes de forma sencilla y rápida.

Sin duda, eran útiles hasta cierto punto, pero yo siempre les encontraba un fallo muy severo: ninguno (al menos ninguno de los que encontré) soportaba el uso de variables.

En otras palabras, si el texto original que uno copiaba para su futuro uso era “Hola Juan” entonces, cada vez que lo reutilizaba en un contexto diferente, tenía que sustituir manualmente “Juan” por el nombre adecuado, para que fuera “Hola Antonio”, “Hola Manolo” u “Hola María”, según correspondiera.

Esto, que en principio puede parecer trivial, no lo es tanto; Cuando en el texto hay más de un elemento variable, hacer manualmente las sustituciones necesarias se convierte en un verdadero engorro. Tenía que seguir buscando.

Y lo hice… hasta que encontré Ghostyper, y supe que la búsqueda había llegado a su fin.

La característica radicalmente novedosa del programa (que sólo es radical y novedosa porque otros programas dolorosamente ignoran implementarla) es que permite definir variables allí donde el texto varía en cada una de sus usos.

De ese modo, “Hola Juan” se convierte en “Hola %Nombre%”

Después, cada vez que usamos ese recorte de texto en particular, aparece un cuadro de diálogo que nos pregunta por el valor con el que se debe sustituir la variable %Nombre% (y cualquier otra que hayamos utilizado) en esa ocasión y, entonces, pega el texto con las sustituciones apropiadamente realizadas.

Un alivio.

Puede que teclear no sea aún historia, como proclama con orgullo el slogan comercial de GhostTyper, pero, si instalas el programa, teclear una y otra vez información que sólo varía de forma marginal en cada uso sí formará parte de tu pasado más sombrío.

Popularity: 21% [?]

Infoselect. Cordura mental en tiempos de exuberancia informativa

Por Pedro Murillo, Thursday, March 16, 2006 a las 09:48:29 AM

Cuando trabajas mirando la pantalla de un ordenador ocho o nueve horas al día, acabas por desarrollar una dependencia ciega de las aplicaciones que hacen tu vida más sencilla.

Son esos programas que instalas en cualquier ordenador que tocas, cuya ausencia te pone enfermo y no toleras durante mucho tiempo. Son tus particulares must, como dicen ahora los seguidores de la moda.

Infoselect. Cordura mental en tiempos de exuberancia informativa

Una de mis mayores dependencias informáticas se llama InfoSelect, y es un gestor de información no estructurada.

En otras palabras, un lugar en el que apunto todo lo que más tarde quiero recordar, sin necesidad de adherirme a la rígida estructura de campos y registros de una base de datos convencional.

Nombres de usuario, contraseñas, números de teléfono, palabras o expresiones que me gustan, títulos de películas o libros. Si lo quiero volver a recordar, lo apunto en InfoSelect.

Lo que más brilla del programa es su excelente motor de búsqueda, que muestra de forma gráfica el número de entradas que satisfacen el criterio, a medida que vamos introduciéndolo. Una filigrana.

No sé con exactitud el número de horas que habré ahorrado utilizando InfoSelect, pero sé que me produciría dentera saberlo, como también sé que éste programa ha contribuido, más que ningún otro, a mantenerme cuerdo en un océano de sobreabundancia de información.

Popularity: 21% [?]

DiaryOne: Un diario electrónico para quienes, como yo, aborrecen escribir a mano

Por Pedro Murillo, Thursday, March 16, 2006 a las 09:47:55 AM

Te desvelaré un pequeño secreto que no lo es tanto: lo que publico en ésta, mi página web, no es más que una muy pequeña parte de todo lo que escribo: El penacho visible de un iceberg en el que lo sumergido tiene mayor importancia que lo que aflora a la superficie.

Escribo compulsivamente. Lo necesito para pensar, para oír mi propia voz, para dialogar conmigo mismo. Sólo cuando escribo me escucho verdaderamente. Si dejo de hacerlo, me convierto en un zombi privado de consciencia que deambula de aquí para allá sin saber bien quién es. La vida es el agua huidiza que escapa del interior de un cubo repleto de agujeros; Escribir es tamponar algunos de ellos.

Sin embargo, no me verás hacerlo con un bolígrafo sobre el papel de una libreta. Con un bolígrafo en la mano, me siento torpe, tosco, primitivo. No lo cojo como debería… nunca lo hice. No tengo patrones consolidados para escribir cada una de las letras: Ahora te hago la “o” trazándola de izquierda a derecha y dentro de un rato lo hago justo al revés, de derecha izquierda, de arriba abajo o como me venga en gana. No me preguntes el porqué. No lo sé. Nunca lo supe. Nunca lo sabré.DiaryOneMi escritura es anárquica, caótica, fea. Mi letra me horripila y, créeme, te asustaría a ti también si la vieras. Es el Freddy Kruger de las tipografías manuscritas.

Si me juzgas por ella, creerás primero que soy un niño de seis años, y que soy retrasado mental después, cuando te diga que tengo casi treinta.

Nunca tomé apuntes como los demás. Era demasiado lento para hacerlo. Estoy seguro de que, al menos parcialmente, mi capacidad de síntesis, mi relativa habilidad para separar el grano de la paja, lo superfluo de lo esencial, es consecuencia directa de mi discapacidad para escribir con destreza. ¡Eh!, algo bueno tendría que tener. ¡Dame un respiro!

Por eso sólo escribo frente a la pantalla de un ordenador. ¿Quién puede culparme?

Primero escribía en Word Perfect, en relajante blanco sobre azul, como exigían los tiempos. Luego en Lotus AmiPro, sobre Windows 3.1, cuando aún era una rareza. Más tarde, en Word, cuando Microsoft ejerció su monopolística influencia para echar a sus competidores del escenario.

Hoy en día, no lo hago en ninguno de los tres, sino en un cuarto (programa, no habitación, que también.), una aplicación llamada DiaryOne que, como su nombre sugiere, permite mantener un diario. Electrónico, en este caso.

De ella, me gusta particularmente su cuidado entorno de usuario, la facilidad con la que permite acceder a lo escrito en días previos, haciendo un simple clic de ratón, sus capacidades de búsqueda y, después de eso, frivolidades varias como que puedas insertar emoticonos, llevar la contabilidad de tus gastos e ingresos diarios, grabar una nota sonora, asociar una canción a cada entrada del diario o indicar si el día fue soleado, lluvioso, tormentoso, ventoso o nevoso, haciendo clic en un icono que aparece en la cabecera de cada día.

Esta última característica yo la utilizo para algo que no tiene nada que ver con testimoniar las condiciones climáticas, sino para indicar, al final del día, mi valoración subjetiva sobre lo ocurrido durante él: Nubes para un día bueno, sol para un día malo, lluvia para un día regular.

Sí, nubes para un día bueno, sol para uno malo, no me he equivocado. Detesto el calor, pero no me juzgues severamente por ello. Vivo en levante, y aquí Lorenzo es inclemente desde Mayo hasta Octubre. Un día nublado son, de hecho, buenas noticias para mí. Siempre lo han sido.

Popularity: 23% [?]

Texpipe: transformaciones de texto como nunca antes las habías visto.

Por Pedro Murillo, Thursday, March 16, 2006 a las 09:46:59 AM

Cualquiera que lea con cierto interés el resto de artículos de la sección software de esta web, se dará cuenta de que hay un patrón que emerge de ellos con fuerza: el que define mi interés perenne por las aplicaciones que manipulan texto.

Todo empezó cuando PERL, y su remarcable habilidad para hacer sencillo algo que en realidad no lo es tanto: el tratamiento y manipulación de ficheros de texto, me permitieron montar un sitio web dedicado al shareware, que tuvo un éxito notable a finales de la década de los noventa y principios de este siglo (cuando hablo así me siento verdaderamente viejo).

Se llamaba SuperShareware.com, y estaba presidido por una simpática mascota con la apariencia de un fornido y siempre sonriente súper héroe, que llegó a ser casi universalmente reconocido (bueno, quizás exagero en su popularidad mediática, pero sólo un poco ¿eh?)

Super Shareware Man. El tipo que hizo posible un sueño:el mío.Aún recuerdo el día en que contraté aquel dominio, y el entusiasmo que despertó en mí saberme poseedor de una propiedad en Internet, aunque inicialmente estuviera totalmente vacía de contenido.

Al recordarlo, me doy perfecta cuenta de que los tiempos han cambiado: Hoy, al reservar un dominio, no siento nada particularmente emocionante, aunque también es cierto que en estos días registro dominios como churros, y eso ha despojado al proceso de toda la magia que en su día tuvo.

Lo más notable de aquella primera versión de la web SuperShareware.com es que no se apoyaba en ningún motor de base de datos. Consistía, meramente, en ficheros de texto delimitados por coma, a los que el servidor web accedía por medio del sistema de ficheros. Y lo hacía… ¡Cada vez que llegaba un visitante!

Suena a burrada, lo sé, de escalabilidad mejor ni hablamos, pero ¡funcionaba! Doy fe de que así era. Y hasta me atrevería a decir que funcionaba bien, pero también puede ser que esté distorsionando (y dulcificando) levemente mi recuerdo, que reconocidamente está ya un poco desteñido por el paso de los años.

La incorporación al directorio de software de nuevas aplicaciones, la notificación a sus programadores de que habían sido añadidas, las estadísticas de descarga, todo, absolutamente, consistía, de uno u otro modo, en manipular y alterar directamente ficheros de texto en el servidor, por medio de scripts en PERL. ¿Copia de seguridad? Sí, claro, por qué no. Me bajaba el fichero por FTP y listo. Gloriosamente simple.

Por suerte, el número de visitantes no paraba de crecer. Conscientes de ello, los desarrolladores se interesaron por la posibilidad de listar sus aplicaciones de forma destacada (léase por encima de sus competidores), a cambio de pagar una cuota mensual. Yo, avispado como estuve, les permití hacerlo. Pronto, el invento empezó a dar dinero, gracias a la venta de publicidad.

Era la primera vez que lo ganaba sin trabajar como asalariado al servicio de otros. Aquello me parecía genial. Mas tarde, afortunadamente, esa forma de vida, digamos alejada de los circuitos convencionales, sería la pauta que regiría mi vida, pero entonces yo aún no lo sabía.

Me sentía eufórico. Ganaba dinero con algo que había pensado, construido y promocionado yo sólo, enteramente. Estaba en la cima del mundo ¡Mira mamá, sin manos!

Con los primeros billetes que cobré, se consolidó definitivamente mi interés por el tratamiento de ficheros de texto. En mi cabeza, se grabó con cincel la asociación: manipulación de ficheros de texto= bueno.

A partir de entonces, probaba cualquier software que tuviera algo que ver con ello, aunque sólo fuera de forma tangencial… Aún hoy lo hago. ¿Un ejemplo? Claro: Hace tiempo que los editores de texto dejaron de entusiasmarme. Entre otras cosas, porque uso uno que hace todo lo que quiero y mucho más, del que hablaré otro día. Pero si me dices que el tuyo tiene soporte para búsquedas en REGEX, me paro, lo bajo y lo pruebo. Sin remisión.

Textpipe: Transformaciones de texto como nunca antes las habías vistoLas adicciones son difíciles de curar, o incurables. Por eso, cuando años atrás descubrí TextPipe Pro, pagué la licencia de uso y me convertí en usuario registrado en los quince minutos siguientes a descargar el programa.

Y es que TextPipe Pro es una verdadera virguería. Una de esas aplicaciones que permiten a su programador sacar pecho y alzar con orgullo la cabeza cada vez que habla de ella. El tipo de software que a cualquier programador le hubiera gustado desarrollar, pero no fue cualquiera, sino Simon Carter quien lo hizo, australiano para más señas. Nadie más.

¿Y qué hace exactamente?

En pocas palabras, permite a cualquiera con un mínimo de destreza en el manejo del ordenador, hacer transformaciones complejas en ficheros de texto, desde un entorno amigable que oculta totalmente la complejidad subyacente.

Piensa en un buscar y sustituir evolucionado, en el que hay predefinidas decenas de acciones frecuentes, tales como eliminar espacios, añadir números de línea, convertir tabuladores a espacios y, por supuesto, hacer sustituciones de texto basadas en patrones PERL, a las que puedes acceder desde un entorno de arrastrar y soltar. Ya te dije que pintaba bonito.

Con un poco de imaginación, no hay tarea de conversión de ficheros de texto que no pueda hacerse con el programa, generalmente en una fracción del tiempo que llevaría codificarla en PERL o en otro lenguaje de programación cualquiera.

Yo utilizo TextPipe a diario, o casi. Por ejemplo, este artículo, que inicialmente fue escrito como fichero de texto plano, acabó convertido, después de un doble clic en el icono de Textpipe que reside en la barra de tareas, en otro en formato HTML, con una cabecera apta para ser directamente importado por el gestor de contenidos que hace que esta web sea posible. Sencillo, rápido, fácil. Como debe ser.

Si transformar ficheros de texto forma parte de tus tareas diarias, hazte un favor a ti mismo y descárgate el software… Y luego acuérdate de que fui yo quien te lo recomendó.

Popularity: 24% [?]

Bad Behavior has blocked 87 access attempts in the last 7 days.