Tributo a dana
Por Pedro Murillo, Sunday, August 24, 2008 a las 08:30:16 PM
Me gustan los gadgets tecnológicos y, aunque estoy muy lejos de ser un comprador compulsivo de tecnología, reconozco que todos los años acabo invirtiendo en tres o cuatro de estos chismes suficiente dinero como para dar de comer a un familia de cuatro personas durante un mes. Demasiado como para tomármelos a la ligera.
Algunas de estas compras acaban siendo decepcionantes, otras, la mayoría, resultan gratificantes, pero, después de aplicar el infalible “test del paso del tiempo”, sólo unas pocas se erigen en auténticas compras maestras, dispositivos que se convierten en algo tan útil que llegan a modificar mis hábitos de vida de una forma significativa.
El artilugio al que hoy quiero rendir tributo pertenece a esta categoría de gadgets tecnológicos que han tenido un impacto importante en mi vida. Es el dana de AlphaSmart, un nombre bonito para un dispositivo poco conocido que siempre llevo en la mochila.
Se trata de un engendro- mitad PDA, mitad ordenador portátil- diseñado por antiguos empleados de Apple e impulsado por Palm OS, el mismo sistema operativo de las archiconocidas Palm pilot, cuyos puntos fuertes son un teclado qwerty de gran calidad, una pantalla táctil retroiluminda y de tamaño generoso, una duración de batería de más de 20 horas y un peso que resulta sólo ligeramente superior al de una libreta de tamaño A4.
Por lo que a mí respecta, todos estos ingredientes, junto con el procesador de textos AlphaWord que incluye, hacen de dana el instrumento perfecto de escritura. Por el momento, no he encontrado absolutamente nada que pueda competir con ella en ese ámbito y salir bien parado, al menos en mi universo conocido.
Lo que más aprecio de dana es la enorme libertad que me proporciona, al permitirme escribir en cualquier lugar. Aunque a veces consiga disimularlo relativamente bien, detesto pasarme las horas encerrado entre cuatro paredes sin sentir el aire fresco en la cara y sin saber siquiera si ahí fuera es de día o de noche, hace sol o llueve, como en ocasiones me ocurre.
Por eso, la principal virtud que encuentro en dana es que me permite perfectamente escribir sentado en el banco de un parque, entre pinos en medio de la montaña, al borde de un acantilado mirando el mar o dondequiera que se me antoje.
Resulta una sensación liberadora estar en medio de la naturaleza y poder escribir sin preocuparse de que se acabe la batería, sin tener otras aplicaciones compitiendo por tu atención y sin haber tenido que llegar hasta allí arrastrando un carrito, a causa del peso del equipo.
Por si esto fuera poco, dana, a diferencia de los ordenadores convencionales y sus promesas incumplidas en este sentido durante años, arranca inmediatamente de verdad. Pulsas el botón de encendido y, en el acto, está lista para que empieces a aporrear su teclas. Sin retardos ni esperas ni excusas.
Por otro lado, el software que incorpora permite sincronizarla tanto con el PC como con el Mac con pasmosa facilidad cuando llegas a casa. Se agradece el enfoque funcional y exento de complicaciones que han implementado en este sentido.
Puede decirse que dana es tan versátil y práctica como una libreta moleskine, de las que también soy un absoluto convencido, pero con las nada despreciables ventajas de poder reordenar el texto a tu voluntad y la mayor velocidad de escritura que un teclado y una pantalla táctil proporcionan. En definitiva, todo un hallazgo y una compra de la que estoy enormemente satisfecho.
Ni que decir tiene que este texto, ha sido escritos “tirando” de ella.
Gracias dana.

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