A finales de la semana pasada, Google introdujo un cambio monumental en su programa de Adwords, que está levantando ampollas y provocando olas de tamaño tsunami en el sector.

Básicamente, los ingenieros de Google han añadido un nuevo ingrediente al algoritmo que utilizan para calcular el Quality Score, que es el factor que determina la oferta mínima que un anunciante debe pujar por cada palabra clave en la que está interesado. El nuevo (y para muchos letal) ingrediente es la página de destino del anuncio. Lo que esto significa es que ahora la oferta mínima que debes pujar por una determinada palabra clave no depende, como hasta ahora, sólo del CTR del anuncio que escribas para ella y de tu historial en Adwords, sino también de que la página de destino agrade o disguste al robot que Google está mandando para indagar este asunto, con toda la subjetividad que esto lleva implícita.

La cosa va en serio.

En apenas una semana, Google ha echado a patadas de Adwords a cientos y cientos de anunciantes en todo el mundo, algunos de los cuales gastaban mensualmente cifras de cinco dígitos en su sistema de publicidad contextual. Muchos anunciantes han visto como miles de palabras clave, por las que durante años han pujado entre 5 y 10 céntimos, se han vuelto inactivas de la noche a la mañana, y Adwords les pide ahora entre 5 y 10 euros por clic para volver a activarlas. ¡Olvídalo, no lo harán! Es una locura que ha convertido a muchos anunciantes satisfechos de Adwords en enemigos acérrimos de Google, dispuestos a recorrer largas distancias para devolver el duro golpe que sienten que se les ha pegado.

Esto no es un cambio cosmético más, sino una alteración radical de Adwords que deja el terreno abonado para que MSN y Yahoo aprovechen la oportunidad que Google les brinda en forma de desprecio absoluto a muchos de sus clientes. Nos guste o no, Google se está convirtiendo en un tirano de los de “ordeno y mando”, que demuestra una nula inclinación a explicar exactamente qué le hace feliz y qué no.

Para aquellos que buscaban corroborar que todos los monopolios perjudican finalmente al cliente, Google se ha convertido en toda una revelación. Los más afectados por la actualización son: Sitios de una sola página que venden un cierto producto o servicio. Páginas Squeeze: Páginas cuyo propósito es capturar la dirección de correo electrónico de quien la visita, a cambio de cierta información gratuita. Sitios Adsense: cuyo objetivo es rentabilizar sus contenidos por medio de publicidad de Adsense, especialmente los que se dedican al arbitraje. Si comprabas tráfico en Adwords para dirigirlo a un sitio cuya única forma de obtener ingresos era por medio de Adsense, ya puedes ir olvidándote de seguir haciéndolo. Sitios de Afiliados: Que promocionan un producto de otro, a cambio de una comisión por cada venta realizada.

Mi opinión (informada) es que Google quiere priorizar los sitios que ofrecen información de forma gratuita en sus resultados de búsqueda orgánica, mientras que en su sección para anuncios de Adwords (la situada en el lateral derecho de su buscador) quiere ver sólo a gente que venda un producto o servicio. Todo esto encaja extraordinariamente bien con la noticia de que Google pronto empezará a vender publicidad basada en CPA (coste por acción). Es decir, publicidad en la que el anunciante sólo paga cuando consiga un objetivo determinado: una venta, una descarga, un nuevo suscriptor para su lista de correo, etcétera.

Piénsalo, si Google va a mover su negocio hacia la publicidad basada en CPA, tiene todo el sentido del mundo erradicar de Adwords a aquellos anunciantes que no estén empleando el sistema para vender un producto o servicio, pues no encajan en el nuevo modelo. Este es el cambio más dramático que ha sufrido Adwords desde que vio la luz en el año 2000.

Como en todo cambio de estas características, habrá vencedores y vencidos. Habrá emprendedores que sepan adaptarse a los nuevos cambios y prosperen con ellos, y otros que simplemente se extingan. ¡Suerte para todos!

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Si te dedicas a esto de Internet, a menos que hayas estado escondiéndote bajo una piedra, sabes que hay gente que se gana la vida bien ganada gracias al Affiliate Marketing.

Ya sabes, yo te ayudo a vender tu producto, a cambio de que tú me des una comisión por cada venta que consigas gracias a mí. Es lo justo.

Recientemente, he estado probando un nuevo y sorprendente software que, como el resto, te permite proteger eficazmente tus enlaces de afiliado y, como ningún otro, hace cosas que te harán exclamar un “¡ja, ja, ja! ¡Eso sí que ha sido un truco inteligente!”

Todo lo que me resta por decir es: ¡Vete a ver los vídeos!

Cuando los veas, lo pillarás, porque es un poco difícil captar la importancia de este software leyendo únicamente el texto que aparece en la página de venta del producto. Simplemente, haz scroll hasta los vídeos que se muestran al final de la página, e ignora por el momento todo lo demás.

Acepta mi consejo: Si estás en el Affiliate Marketing, deja todo lo que estés haciendo y échale un vistazo ahora, porque, probablemente, este sea el mejor software nunca creado para ayudar a los emprendedores a ganar más dinero con el marketing de afiliación, y el número de unidades puestas a la venta es reducido. Yo ya tengo el mío.

https://www.gotrythis.com

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A casi nadie le dice ya nada el nombre de Gary Kildall. Es normal. La historia es así con quienes pierden: inmisericorde y olvidadiza.

Y, sin embargo, Gary fue un tipo brillante que tuvo en sus manos la mejor oportunidad que probablemente nadie haya tenido para convertir a Bill Gates en un absoluto desconocido.

- Disculpe ¿Cómo dice? ¿Bill qué?

Sin embargo, Gary, el mismo tipo que con su genialidad hizo posible la industria de los ordenadores personales, dejó que esa opción se le escurriera como agua entre los dedos, al rechazar un contrato con IBM que lo hubiera cambiado todo.

Catorce años después, moría como consecuencia de un altercado en un bar, insuficientemente aclarado.

Éste es el resumen de su historia:

En 1974, Gary vio un anuncio en el que Intel promocionaba  uno de sus microprocesadores. Sin pensárselo dos veces, descolgó el teléfono y les llamó ofreciéndoles sus servicios.
Brillante como era, fue contratado. Inicialmente, para desarrollar las herramientas con las que programar los nuevos microprocesadores Intel 4004. Después, cuando Intel introdujo los modelos 8008 y 8080, escribió para ellos un lenguaje de alto nivel que permitía darles instrucciones en una jerga muy similar al idioma inglés, en lugar de utilizar unos y ceros como se había venido haciendo hasta entonces. De repente, los microprocesadores se convirtieron en dispositivos infinitamente más útiles y prácticos de lo que habían sido hasta el momento.

Poco después de esto, Intel desarrolló la primera unidad de disco, pero decidió no venderla al público. Kildall les preguntó si podía vender su propia versión; Debieron responderle afirmativamente, porque se puso manos a la obra e inventó el primer DOS (Disk Operating System), al que llamó CP/M (Control Program for Microprocessors), que podría controlar periféricos como un monitor o una disquetera. Sus amigos aseguran que lo escribió él sólo, desde la primera hasta la última línea, sin ayuda alguna, lo cual demuestra sus extraordinarias facultades para la programación.

A finales de los setenta, CP/M estaba presente en más de medio millón de máquinas. De hecho, era el sistema operativo que hacía funcionar la mayor parte de ordenadores de la época, con la excepción de los Apple, que no utilizaban chips de Intel y tenían su propio sistema operativo. Todos los demás, incluyendo Seros, Kaypro, Kentucky fried computer, Commodore, Morrow funcionaban con CP/M. Intel podría entonces haber comprado CP/M por 20,000 dólares, pero rehusó la oferta.

Junto a su mujer, Dorothy, Kildall puso en marcha una empresa a la que bautizó como “Intergalactic Digital Research”, INC (Investigación digital intergaláctica), que es un nombre que a mí me suena un tanto pretencioso. También debió parecérselo a él, pues no tardó en deshacerse del “Intergalactic”. La empresa pasó a llamarse simplemente DRI (Digital Research INC). Operaban desde una vieja casa de estilo victoriano en Pacific Grove, California. Dorothy se ocupaba del negocio, Gary escribía el código. Cuando empezaron, apenas existía un mercado para CP/M, pero pronto estaban vendiendo miles de copias y ganando millones.

A Gary Kildall le gustaba el dinero, así que empezó a comprarse la clase de juguetitos que su nuevo estatus le permitía: avionetas, lanchas, motos, una limusina, un Corvette, un Rolls Royce, varios coches de fórmula uno, dos Lamborghini.

Mientras tanto, IBM desarrollaba en secreto su propio ordenador personal. La compañía no creía que el mercado fuera a ser excesivamente grande, por lo que decidieron construirlo a partir de componentes ya disponibles y licenciar un sistema operativo ya existente. CP/M era el estándar de mercado, así que era la elección obvia.

Por algún motivo, IBM pensó equivocadamente que CP/M era propiedad de Microsoft, que por aquél entonces era sólo una pequeña empresa. Aunque había logrado convertirse ya en el mayor suministrador de lenguajes de programación para microordenadores, Microsoft no vendía aún sistemas operativos.

Cuando IBM llamó, Bill Gates les dijo que CP/M no era suyo y les informó de que Gary Kildall era la persona con la que debían contactar.

Al día siguiente, los tipos trajeados de IBM llegaron a Pacific Grove para reunirse con Gary… Él no estaba allí.

La leyenda cuenta que se fue a volar en una de sus avionetas, demasiado ocupado para hablar con una de las compañías más importantes de la Tierra. La verdad es que tenía una cita concertada con uno de sus clientes más importantes y había volado esa mañana para ir a verlo. De todos modos, no pensó que la reunión con IBM fuera a ser algo de gran trascendencia. Por eso, dejó que su mujer se ocupara de ella, aunque regresó cuando aún se celebraba.

Antes de que la reunión empezara, IBM le dio a Dorothy su documento estándar de protección de confidencialidad. Básicamente, el documento señalaba que la reunión que iba a celebrarse nunca había ocurrido y que, si se probaba que se había celebrado, entonces cualquier cosa que IBM le hubiera dicho a DRI era confidencial, mientras que cualquier cosa que DRI le hubiera dicho a IBM no lo era. Dorothy se negó a firmarla y llamó a su abogado. Mientras esperaban al abogado, Gary apareció.

Gary no pensó que el acuerdo de confidencialidad fuera para tanto. “¿Y qué si una compañía grande y lenta como IBM quiere introducirse en el mundo de los microordenadores?” Todo cuanto voy a conseguir serán un par de cientos de miles de dólares en ventas extra y ahí se acabará todo – pensó. Así que firmó el papel.

Lo que IBM le propuso fue comprar CP/M por 200,000 dólares más un royalty de 10 dólares por cada copia vendida. Además, querían cambiarle el nombre a PC-DOS.

Gary pensó “¿Por qué demonios iba a querer yo hacer algo así?”

Y tenía razones de peso para pensar de ese modo:

Estaba ganando millones, CP/M tenía un fuerte reconocimiento de marca y casi todos los PC, excepto Apple, estaban ya utilizando su sistema operativo. ¿Por qué iba a renunciar a eso? Gary dijo NO.

IBM volvió entonces a hablar con Bill Gates para ver si podía hacer que Kildall cambiara de opinión. Pero para entonces el plan de Gates había cambiado. Le había dado a Gary una oportunidad. No iba a darle una segunda. Kildall era mejor programador; Gates era mejor hombre de negocios, y vio la oportunidad mucho más nítidamente que él.

La mayor destreza de Bill Gates es darle a la gente lo que quiere. No tenía un sistema operativo que venderle a IBM, pero les mintió y les dijo que lo tenía. Al fin y al cabo, Pall Allen, el cofundador de Microsoft, sabía que, en la otra punta de la ciudad, podía conseguir uno.

Tim Paterson propietario de Seattle Computer Products había escrito Q-DOS (Quick and dirty DOS), una imitación de CP/M. Allen se lo compró por 50,000 dólares. Por supuesto, nunca mencionó que se lo iba a revender a IBM. Microsoft le cambió el nombre a MS-DOS y cerró el trato con IBM. Le pagarían royalties por cada copia vendida y Microsoft conservaría los derechos sobre el sistema operativo, lo cual significaba que podían vendérselo a quienes ellos quisieran.

Los PC de IBM se convirtieron pronto en un estándar en la industria de los ordenadores personales, pero el precio de sus máquinas era elevado. Esto dejó la puerta abierta para la aparición de los ordenadores clónicos compatibles con IBM. ¿Adivinas quien le vendió el sistema operativo que todos y cada uno de ellos necesitaban? Acertaste: Fue Microsoft.

Gary Kildall no se puso precisamente a dar saltos de felicidad cuando descubrió el trato que por lo bajini habían alcanzado Microsoft e IBM. Cuando se dio cuenta de lo similares que eran MS-DOS y CP/M, directamente consideró que se trataba de un robo.

Sin embargo, era un tipo demasiado tranquilo como para demandarlos y, aunque lo hubiera hecho, las leyes de copyright le hubieran puesto la victoria muy difícil, pues sólo proporcionan protección ante una copia flagrante, no en el caso de una mera imitación.

Aún así, la amenaza latente de demanda provocó que IBM le ofreciera un trato a Kildall. IBM ofrecería a sus clientes la opción de escoger entre CP/M y MS/DOS. Era suficiente para él, pues creía que en la industria de los ordenadores personales había sitio para dos sistemas operativos. La competencia es buena, pensó, del mismo modo que hay mercado para dos marcas de cola, lo habrá para dos sistemas operativos.

Lo que IBM nunca le dijo fue que iba a dejar que el cliente escogiera entre MS-DOS a 40 dólares y CP/M a 240. ¿Quién iba a pagar 6 veces más por lo mismo?

A diferencia de Bill Gates, Gary Kildall rechazó entrar en el mercado de los procesadores de texto y las hojas de cálculo, porque pensó que no sería ético vender las dos cosas: el sistema operativo y el software adicional.

Gary Kildall se fue amargando a medida que transcurrieron los años. Estaba obsesionado por aquel acuerdo nunca alcanzado con IBM. Le pesaba la idea de que Bill Gates estuviera obteniendo inmerecidamente el reconocimiento que pensaba que le correspondía sólo a él. El hecho de que constantemente le preguntaran “¿Pero de verdad te fuiste a volar aquél día?” tampoco ayudaba lo más mínimo a olvidar el asunto. Perdió el foco. Dorothy y él se divorciaron. Gary empezó a pasar la mayor parte del tiempo viajando.

En 1991, vendió su compañía DRI a Novell por 120 millones de dólares. Después fue el presentador de un programa de televisión sobre ordenadores y escribió un libro de 250 páginas contando todo lo ocurrido desde su punto de vista, que nunca ha sido publicado. Su hijo tiene miedo a ser demandado por Bill Gates en caso de hacerlo. Ya me imagino que no dirá muchas lindezas sobre él.

Poco antes de la medianoche del 8 de Julio de 1994, Kildall entró en un bar llevando su chaleco de Harly Davidson. En el bar, había un grupo de moteros con apariencia de tipos duros. Nadie sabe exactamente lo que sucedió, pero de algún modo se golpeo la cabeza con algo mientras se caía de espaldas. Salió del bar por su propio pie. ¿Fue una pelea? ¿Estaba borracho? Ni siquiera Kildall se acordaba.

En dos visitas separadas al hospital durante ese fin de semana, nadie encontró el coágulo entre su cráneo y el cerebro. Tres días más tarde, a los 52 años de edad, estaba muerto.

Si hay una moraleja en esta historia es que, en el mundo de los negocios, la astucia y el sentido de la oportunidad es mucho más decisiva que la inteligencia.

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Hay una característica que los anunciantes de Google Adwords llevamos años esperando y hemos echado de menos desde el principio mismo de los tiempos: la posibilidad de programar anuncios.

Queríamos ser capaces de decidir qué días y a qué horas concretas se mostraban, sin tener que parar y reanudar las campañas manualmente o recurrir a soluciones de terceros, muchas veces caras e innecesariamente complejas.

Ahora, por fin, ya podemos hacerlo.

Google acaba de introducir esta característica, y lo ha hecho del modo notablemente elegante al que nos tiene acostumbrados.

No debe haber sido fácil, si nos atenemos a lo dicho por Richard Holden, jefe del producto Google Adwords, quien se ha referido a los esfuerzos realizados en estos términos tan gráficos: “Ha sido como cambiar el motor del avión en pleno vuelo”

Le creo.

Durante los últimos días, he estado probando intensamente esta característica, y no creo que vuelva a lanzar nunca una campaña de Google Adwords sin hacer uso de ella. Así de importante la considero.

¿Por qué?

La clave está en darse cuenta de que la calidad del tráfico, definida como la probabilidad de que un visitante acabe comprando aquello que ofreces en tu web, cambia a menudo drásticamente de la mañana a la tarde, o de la tarde a la noche, o de un día laborable a otro festivo.

Si bajas el precio por clic de tus anuncios (o directamente los paras) durante esos periodos en los que el tráfico es de menor calidad, puedes ahorrar de un 30% a un 50%, sin perder un número significativo de clientes.

Invirtiendo el dinero ahorrado durante estos periodos “tontos””en mostrar tus anuncios cuando el tráfico tiene una mayor propensión a actuar sobre tu oferta, incrementarás tus ganancias y el retorno sobre la inversión con un esfuerzo mínimo. ¿A que no parece mala idea?

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Creencia tóxica número 3: No hay secretos

by admin on Junio 15, 2006

¿Secretos? Yo no tengo secretos. Sólo se trata de trabajo duro, sentido común y bla-bla-blá.

Estoy seguro de que también tú has escuchado alguna vez ese razonamiento. Probablemente, de boca de alguien a quien se le ha pedido que enumere los secretos de su éxito, así en frío y a bocajarro.

Escúchame con atención: No le creas. Miente. Como un bellaco.

Cualquier persona que alcanza el éxito en una determinada faceta de su vida los tiene. Tanto más cuanto mayor sea la distancia que le separe de sus perseguidores.

Métetelo en la cabeza: quien tiene éxito, tiene secretos.

De acuerdo, es una generalización, pero tan acertada y válida como puede llegar a serlo.

Tal vez se trate de una estrategia que le permite desarrollar productos por tan sólo una fracción del coste y tiempo que deben invertir sus competidores.

O de una táctica poco convencional para alcanzar posiciones privilegiadas en los buscadores de Internet.

O de un contacto comercial con una fábrica en China, que abastece a su empresa de productos de calidad excepcional por la mitad de lo que costaría producirlos en el mercado local en el que opera.

O de tener en nómina a un trabajador inteligente como el demonio, que tiene y pone en funcionamiento ideas increíbles que a nadie más se le ocurren.

O quizás haya aprovechado el temprano descubrimiento de un nicho de mercado en ebullición, pero insuficientemente atendido, para conquistar en él una ventajosa posición dominante.

Lo mires por donde lo mires, todas estas cosas son secretos. La prueba está en que quienes los usufructúan defienden con uñas y dientes su confidencialidad, poniendo mucho empeño en evitar que trasciendan y acaben convertidos en información de dominio público.

Lo hacen porque, si todo el mundo los conociera y aplicara, las ventajas competitivas que aportan, sobre las que ellos han edificado sus rentables negocios, se verían pronto reducidas a escombros.

Ahora bien, un secreto no tiene por qué ser críptico y complejo para ser extraordinariamente valioso.

Es más, estoy convencido de que existe una correlación directa entre lo fácil que resulta comprender una determinada información privilegiada y su utilidad. En otras palabras, cuanto más fácil y rápidamente se asimila un secreto, más abundante y dulce es el néctar que de él puede extraerse.

Lo mismo ocurre por lo que respecta a su sencillez y a la probabilidad de que haya pasado desapercibido hasta el momento para la inmensa mayoría: están directa y estrechamente relacionadas.

En general, cuanto más aparentemente obvia sea una información, menos gente habrá exprimiéndola y sacando partido de ella. Paradójico, sí, pero así es como son las cosas, por esa tendencia funesta a priorizar lo complejo por encima de lo sencillo.

Para el que está siempre dispuesto a probar cosas nuevas, a salirse de su zona de confort y, sobre todo, a actuar sobre la nueva información que recibe, son excelentes noticias. Las mejores.

Al fin y al cabo, no importa cuántos lo saben, sino cuántos lo ponen en práctica.

Personalmente, me interesan mucho los secretos. Me obsesionan esas cosas que no sé, pero que sé que otros saben.

Por eso, dedico mucho esfuerzo a rastrearlos y convertirlos en nuevos conocimientos, y no me pasa por la cabeza el dejar de hacerlo.

Es rotundamente cierto que lo que no sabes puede hacerte daño. Hay que tratar de evitarlo.

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No te metas donde no te llaman

by admin on Junio 10, 2006

Hay dos errores fatales que reiteradamente cometen quienes se inician en el posicionamiento en buscadores.

El primero de ellos consiste en tratar de obtener resultados estelares para palabras clave por las que grandes potencias libran desde hace tiempo una feroz y sangrienta lucha sin cuartel.

Quienes a tan arriesgada aventura se atreven, deben saber que tratar de incursionar en un terreno pantanoso, donde ya existen competidores consolidados, fuertemente armados y extremadamente bien pertrechados, suele ser infructuoso y dejar heridas de lenta cicatrización, en forma de tiempo, dinero y oportunidades alternativas de negocio desperdiciadas; eso a lo que los economistas llaman coste de oportunidad.

Sí, por supuesto, ¿a quién no le gustaría ver su web aparecer entre los diez primeros resultados de búsqueda para palabras clave tan importantes (y que mueven tan remarcable fajo de billetes) como, por ejemplo, “hipotecas” o “seguros”?

Pero no por ello deberíamos hacernos un flaco favor a nosotros mismos, albergando la secreta esperanza de que tal cosa ocurra de la noche a la mañana.

Porque, de hecho, lo más probable es que nunca suceda, ni temprano ni tarde, a no ser que estemos dispuestos a echar los restos e invertir en la tarea una cantidad desaforada de esfuerzo, tiempo y dinero.

La verdad sin adornos con respecto a esto es que esas atractivas palabras clave hace tiempo que están tiránicamente dominadas por competidores peso pesado, que no van a poner ni tan siquiera un poquito de empeño por su parte en que se les desplace de esa privilegiada posición que actualmente ocupan.

¿Y quién puede culparlos por ello? ¿Acaso de estar tú en su situación darías facilidades? Porque yo, desde luego, en un escenario tan favorable a mis intereses, no me mostraría en absoluto cooperativo. ¿Después de todo el intenso esfuerzo invertido en lograrlo? Ni lo sueñes.

No debemos olvidar que, cuando de palabras clave tan ferozmente competitivas hablamos, quienes conquistan posiciones en las primeras páginas de resultados saben bien lo que se llevan entre manos. Puedes apostar, sin temor a equivocarte, que no han llegado hasta donde están de forma inadvertida o arbitraria… Y si lo sigues creyendo, pasa de una vez la página del calendario. Estamos en 2006, no en 1999.

Por el contrario, harías bien en suponer que los  más audaces de ellos estén poniendo en práctica todas y cada una de las estrategias SEO conocidas por el hombre: un dominio maduro, adquisición de enlaces en sitios de temática afín y relevante, estructura de enlazado interno apropiada, propagación meticulosa del PageRank… Incluso puede que más de uno tontee eficazmente con el cloacking y otras estrategias de magia negra, para complementar las consideradas políticamente correctas por Google. Aquí, para algunos, todo vale.

Adonde quiero llegar con todo esto es a lo siguiente:

A menos que tengas una extraordinariamente convincente razón para hacerlo, mantente alejado de esas guerras montadas en torno a la conquista de ciertas palabras clave obvias y ultra-competitivas, que se libran con misiles de cabeza nuclear. Lo tuyo, lo nuestro, debería ser más bien una guerra de guerrillas.

Lo ideal es que te involucres sólo en conflictos en los que tengas la certeza de que vas a prevalecer, porque contrastas que tus adversarios están aún anclados en la edad de piedra y continúan pensando que el hacha de hoja de sílex es el arma más devastadora y definitiva que el mundo jamás conocerá.

¿Significa eso que no puedes entrar en nichos de mercado competitivos? Ni mucho menos. Todo cuanto sugiero es que intentes llegar hasta donde te propones por caminos rurales y carreteras secundarias, no por la colapsada autopista principal. Se trata de entender que, incluso en los nichos saturados de competidores, hay palabras clave a las que nadie ha prestado (aún) suficiente atención.

¿Quieres alcanzar desde cero, hoy, en 2006, una posición privilegiada para la palabra clave “hipotecas”?

No cuentes conmigo. Pero… ¡échale imaginación! ¿Qué hay de los restantes cientos de palabras clave que están utilizando en los buscadores quienes buscan información sobre hipotecas? ¿Qué te parecen “hipoteca sin aval”, “hipoteca 100%”, “hipoteca joven”, “hipoteca autoconstrucción”, etcétera?

Se da la notable circunstancia de que el tráfico agregado de éstas y otras palabras clave similares supera con creces al de la palabra “hipotecas” y, abre bien los oídos porque ahí va un secreto que vale su peso en oro: conseguir entrar en las diez primeras posiciones de los resultados de búsqueda para cada una de ellas es viable y relativamente sencillo.

Éste que te acabo de desvelar, tanta veces ignorado, tantas otras olvidado, es el pilar fundamental sobre el que se debería apoyar el buen SEO: Invierte tu tiempo y esfuerzo en aquello que tengas probabilidades sólidas de conseguir. No dediques tus energías a buscar unicornios.

En la próxima entrega de este artículo, abordaré el segundo de los errores más frecuentemente cometido por los recién iniciados en el posicionamiento en buscadores, previsiblemente emplazado en el lado opuesto del espectro.

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Unleash the marketing & Publishing Power of RSS es una guía extremadamente detallada y útil, que explica con todo detalle cómo sacar el máximo partido de la tecnología RSS. Totalmente recomendada.

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Sticky Password

by admin on Marzo 30, 2006

El más severo inconveniente que le veo a la imparable migración de actividades cotidianas hacia la web es la cruel exigencia de tener que recordar simultáneamente decenas de contraseñas.

Gracias a Internet, hoy puedes realizar una transferencia bancaria internacional en apenas unos segundos, hacer la compra en el supermercado sin empujar ningún cacharro con ruedas y hablar a precio de llamada local con alguien en Kuala Lumpur sin levantarte de la silla, pero ¿eres capaz de recordar todos los nombres de usuario y contraseña que necesitas para ello?

Sticky PasswordSi has respondido con un sí rotundo, déjame darte la enhorabuena… y arquear una ceja escéptica.

Si, por el contrario, te sabes incapaz de recordarlos todos aunque tu vida dependiera de ello, bienvenido al numeroso club de los que carecemos de una memoria prodigiosa.

Pero no desesperes, porque la aplicación que te recomiendo a continuación deja obsoleta hasta la más entrenada de las memorias y convierte recordar contraseñas en algo innecesario.

Su nombre es Sticky Password, y es un gestor de contraseñas que hará que no quieras usar ningún otro.

Son varias las características que ponen a esta aplicación un peldaño por encima de la mayor parte de sus competidores, pero puestos a escoger me quedo con las siguientes:

* Funciona con cualquier programa, no sólo con el navegador web.

* Protege tus contraseñas fuertemente, utilizando un algoritmo de encriptación sólido.

* Previene el phising y el robo de identidad, alertándote antes de que inadvertidamente introduzcas en una web falsa tus datos confidenciales.

* Permite configurar múltiples usuarios y contraseñas para una misma web o programa. Muy útil cuando tienes varias cuentas de correo… o un desdoble serio de personalidad. ¡Eh, sucede!

* Interface de usuario innovador y muy usable, que hace placentero el trabajar con la aplicación.

En definitiva, un software notable como un ocho, que convierte un problema que estaba destinado a oscurecer tu vida digital en un insignificancia. No era fácil.

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PureText: Texto sin impurezas

by admin on Marzo 30, 2006

El texto enriquecido y la leche con calcio añadido tienen algo en común: A veces, simplemente, el agregado está de más.
 
Y es que hay ocasiones en las que uno sólo quiere beberse un vaso de leche tal y como sabe cuando sale de la vaca, o necesita copiar un texto despojado de todos sus atributos de formato: nada de colorines, ni cursivas, ni tipografías de tamaño king size.

¡Dame la información, olvídate del formato! - gritas, pero nadie te hace caso.

Si alguna vez has intentado copiar una tabla de números desde Internet Explorer a Excel, sabes bien lo molesto que puede llegar a resultar.

Marcas el número en Internet Explorer, CTRL+C aquí y CTRL+V en Excel.
 
¿Fácil, no?

Sí, en teoría, hasta que observas impotente como Excel invierte cinco interminables segundos en mostrar el dato en pantalla, consecuencia del innecesario esfuerzo realizado para preservar su formato original que, por otro lado, a ti no sólo no te importa, sino que además te molesta.
 
Puede que cinco segundos te parezcan poco y creas que exagero, pero cuando las cifras a copiar de un lado a otro superan la decena, uno comprende a la perfección el extraordinario poder que se esconde detrás de la agregación de cantidades pequeñas.
 
Veinte minutos más tarde, aún vas por la mitad y estás ya más que harto del trabajito. ¡Argh!
 
Recuerdo haber pensado con frecuencia: Tiene que haber una solución a esta tortura. 

Y la hay: ¡PureText al rescate!
 
PureText es uno de esos programas que adoro recomendar: pequeño hasta el punto de no necesitar ni siquiera proceso de instalación, elegante… y muy eficaz.
 
Cuando lo ejecutas, aparece un nuevo icono en la barra de tareas, sobre el que puedes pulsar cada vez que quieras desnudar de atributos innecesarios el texto almacenado en el portapapeles.
 
Además, te permite configurar un atajo de teclado para poder llevar a cabo esa misma función sin poner ni un sólo dedo sobre el ratón.

De ese modo, puedes conservar en el portapapeles el texto con sus atributos originales y pegarlo con o sin formato según te haga falta:
 
Símplemente, usa el clásico CTRL+V cuando desees conservar los atributos de formato originales, y el nuevo atajo de teclado que hayas definido cuando desees librarte de ellos.
 
Sencillo, útil, práctico.
 
Reduce las pérdidas innecesarias de tiempo: Alarga tu vida. Pruébalo.

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Paint.NET

by admin on Marzo 30, 2006

Cuando se trata de retoque fotográfico, desde que hace dieciocho años apareciera la primera versión del programa, el jurado ha sido aburridamente predecible y unánime en su decisión: Photoshop es el dueño indiscutible del escenario.

Sin embargo, la respetable cifra de cuatro dPaint.NETígitos impresa hoy en su etiqueta de precio, y la creciente sofisticación y perfeccionamiento de sus competidores, hace que tenga más sentido que nunca buscar alternativas a este merecidamente longevo espécimen del ecosistema del diseño gráfico asistido por ordenador.

La que te presento aquí, Paint.NET, ocupa por méritos propios una posición privilegiada en la tríada de los competidores de Photoshop más destacados, completada por Paint Shop Pro y The GIMP, de las que hablaré en otra ocasión.

En Paint.NET, encontrarás gran parte de las características que han hecho célebre a Photoshop: capas, filtros, y una bien nutrida y versátil caja de herramientas, a un precio con el que Adobe no puede ni siquiera intentar competir: gratis.

Sí, admitidamente, Paint.NET tiene aún ciertas asperezas que limar y una sustancial distancia que recorrer si quiere competir de tú a tú en funcionalidades con Photoshop, pero no por ello deja de ser una opción más que interesante y económicamente viable, con las que el usuario no profesional puede satisfacer plenamente sus inquietudes artísticas.

Existe además un Language Pack que permite disfrutar de la interface de usuario en español.

¡Dale una oportunidad!

No te defraudará.

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